(Foto/El Comercio de Colorado)
Por Jesús Sánchez Meleán
La emoción que despierta el contacto directo con el pasado es indescriptible. Al visitar las salas de History Colorado y contemplar de cerca los cuatro documentos fundamentales de la era fundacional de los Estados Unidos que se exhibieron en este espacio, era imposible no conmoverse al observar los trazos que dieron rumbo a la civilización contemporánea.
La conmemoración de los 250 años de la Declaración de Independencia, aprobada el 4 de julio de 1776, representa el pretexto idóneo para adentrarse en la historia y reflexionar sobre la magnitud de un legado imperecedero. Aquella emblemática jornada no constituyó un hecho aislado, sino la cúspide de un proceso intelectual y político profundo de los súbditos ingleses en el territorio de lo que son hoy son los Estados Unidos.
Una catedral viviente para la humanidad
Dos días antes, el 2 de julio, la emancipación había sido formalmente declarada tras varios años en los que maduró con fuerza la idea de libertad. El 4 de julio funcionó como el detonante de un intenso periodo de transición que se extendió por espacio de quince años. Durante esta época de gobierno interino, la necesidad de ajustes estructurales condujo a la Convención Constitucional.
Esa asamblea derivó en la adopción de la actual constitución en 1788, complementada en 1791 con la ratificación de la célebre Bill of Rights (Declaración de Derechos). Estas casi dos décadas representaron un ciclo de esplendor conceptual para el mundo entero. En ese lapso, la modernidad abrazó con éxito las nociones de un gobierno estrictamente determinado por la ley.
Una catedral viviente para la humanidad
Lea la Declaración de Indepedencia escrita por Thomas Jefferson

https://www.cato.org/sites/cato.org/files/documents/declaration-of-independence-spanish.html
Aquellos padres fundadores trajeron los antiguos principios democráticos de Grecia y Roma para transformarlos en una estructura de gobierno real y operativa que se mantiene firme hasta el presente. Esta hazaña equivale a haber erigido una catedral majestuosa en poco más de diez años; un templo civil que continúa vigente, hermoso, lleno de vida y que se erige como una inspiración constante sobre el funcionamiento del poder público.
Vivir la historia implica entender que las libertades actuales no brotaron de la nada, sino del esfuerzo consciente de mentes humanas, de aquellos ilustres norteamericanos, que moldearon el destino colectivo de toda la humanidad.

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