febrero 11, 2026

EE.UU en Venezuela: Intervención exprés y consecuencias duraderas 

EE.UU en Venezuela: Intervención exprés y consecuencias duraderas 

Jesús Sánchez Meleán 

Este artículo fue originalmente publicado en LatidoBeat 

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La detención de Nicolás Maduro en Estados Unidos ha intensificado el debate sobre la intervención estadounidense en América Latina, enfocada en beneficios inmediatos y control estratégico, especialmente en energía. La operación busca influir en las elecciones de medio término en EE.UU. y asegurar recursos venezolanos bajo la política «America First». El artículo también examina las intervenciones de Trump en la región, su interés en instalar gobiernos afines y el impacto de su retórica antiinmigrante. 

Lo ocurrido en los últimos días entre Estados Unidos y Venezuela marca un punto de quiebre que todavía no termina de asimilarse. La detención de Nicolás Maduro en territorio estadounidense y su traslado a una cárcel en Nueva York no solo sacudió el tablero político venezolano, sino que reabrió un debate más amplio sobre la naturaleza de esta nueva intervención de EE.UU. en América Latina. Una intervención rápida, focalizada, transaccional y diseñada para producir beneficios inmediatos, más que transformaciones estructurales. 

En una conversación reciente organizada por LatidoBeat, coalición de medios impresos latinos locales en EE.UU., de la que forma parte El Comercio de Colorado, junto a periodistas y analistas como Jairo Mejía Ramos, director del buró de EFE en Washington, y el profesor Ernesto Sagás, quedó claro que no estamos ante una repetición exacta del pasado, aunque la historia, como suele decirse “no se repite, pero rima”. No es Irak ni Afganistán. Tampoco es la ocupación prolongada de Haití o República Dominicana a inicios del siglo XX. Es otra cosa. 

A control remoto, sin botas en el campo 

Esta intervención tiene un rasgo central. No busca presencia militar permanente ni un proyecto explícito de reconstrucción democrática, por ahora. Su lógica es inmediata. Capturar a un líder acusado de delitos graves, enviar un mensaje de fuerza, obtener una ganancia política doméstica y asegurar intereses estratégicos, particularmente energéticos. En palabras del análisis compartido, se trata de una política exterior que entra y sale rápido, reclama victoria y se repliega, dejando tras de sí un escenario abierto, lleno de incógnitas. 

Sagás lo describió como una doctrina aún en construcción, a la que algunos ya llaman “Donroe”, una versión personalizada y contemporánea de la vieja doctrina Monroe. Su alcance es geográfico, el hemisferio occidental, y su horizonte temporal es corto. No hay promesa de democratización sostenida, sino transacciones. Venezuela aparece, en este marco, no tanto como un país a reconstruir, sino como un activo estratégico, especialmente por su petróleo y por el impacto simbólico de descabezar a un régimen largamente señalado. 

Un beneficio electoral para Trump 

Mejía Ramos aportó una clave adicional, el momento político. Esta operación ocurre con elecciones de medio término en el horizonte y con una narrativa cuidadosamente diseñada para conectar política exterior con beneficios internos. La promesa de acceso al petróleo venezolano, de reducción del precio de la gasolina y de fortalecimiento del lema America First no está pensada para Caracas, sino para el electorado estadounidense. La intervención se explica tanto por lo que pasa en Venezuela como por lo que ocurre dentro de EE.UU. 

Pero las implicaciones van mucho más allá del golpe inicial. En la región, el mensaje es claro. Washington se reserva el derecho de actuar de forma unilateral, selectiva y rápida cuando considere que sus intereses están en juego. No necesariamente con tropas en el terreno, sino con operaciones quirúrgicas, presión diplomática, influencia electoral y control económico. Esto abre la puerta a escenarios similares en otros países, siempre que exista una “ganancia” clara para la Casa Blanca. 

Transferencia del poder sin fecha en el calendario 

En Venezuela, el panorama es aún más complejo. Aunque Maduro está detenido, el poder no ha cambiado de manos de manera automática. Figuras clave del chavismo siguen controlando estructuras militares, políticas y económicas. La transición, o transferencia del poder, todavía no tiene fecha porque no se habla de que el presidente electo asuma o que habrá elecciones. Si esa transferencia de poder ocurre, será negociada, frágil y profundamente condicionada por intereses externos. 

Sin alivio migratorio para los venezolanos en EE.UU. 

No hay garantías de democracia inmediata, ni de estabilidad, ni de reconciliación institucional.Y en Estados Unidos, particularmente para la comunidad venezolana, las consecuencias pueden ser paradójicas y dolorosas. Como se discutió en el conversatorio, el descabezamiento del régimen no implica un alivio migratorio. Por el contrario, puede debilitar los argumentos de asilo político, endurecer deportaciones y agravar la incertidumbre legal de miles de personas que huyeron precisamente de ese régimen hoy “neutralizado” en el discurso oficial. 

Este texto no pretende cerrar el debate, sino abrirlo

Lo noticioso está en los hechos; lo urgente, en entender su significado. La conversación con Mejía Ramos y Sagás —cuya transcripción completa puede leer siguiendo el link que le entregamos— ofrece claves fundamentales para leer esta nueva etapa. Porque si algo ha quedado claro es que esta intervención, aunque breve en su ejecución, tendrá consecuencias duraderas para Venezuela, para la región y para Estados Unidos. 

Vea el video de la conversación 

Lea la transcripción de la conversación 


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