Trabajadores sanitarios llegan a un centro de tratamiento para realizar ejercicios de desinfección en Rwampara, República Democrática del Congo, el jueves 21 de mayo de 2026. (AP Foto/Dirole Lotsima Dieudonne)
COMBATE AL BROTE DE ÉBOLA| Trabajador de saneamiento del gobierno de la ciudad de Bunia rocía cloro para desinfectar áreasurbanas en la provincia de Ituri. (Foto AP/Moses Sawasawa)
ALERTA MUNDIAL POR VIRUS LETAL
Redacción El Comercio de Colorado
La República Democrática del Congo enfrenta una crisis humanitaria devastadora tras la declaración de emergencia de salud pública internacional emitida por la Organización Mundial de la Salud debido a un violento brote de ébola. La epidemia golpea con fuerza la remota provincia de Ituri, en el este del país, y ya ha cruzado la frontera hacia Uganda.
Según los reportes oficiales más recientes difundidos por el Ministerio de Comunicación del Congo, las autoridades sanitarias registran 904 casos sospechosos de la enfermedad infecciosa. A pesar de ciertas discrepancias en los conteos regionales que elevan las alertas, la cifra oficial estipula un total de 119 muertes confirmadas por sospecha del virus en las zonas afectadas.
El actual desastre sanitario se debe a la propagación del virus Bundibugyo, una cepa sumamente rara y letal de ébola para la cual no existen medicamentos ni vacunas aprobadas en el mercado. A diferencia de los brotes anteriores provocados por la variante Zaire, esta inusual cepa se expandió sin ser detectada durante varias semanas debido a que las pruebas iniciales de control dieron negativo.
El ébola de Bundibugyo es altamente contagioso a través del contacto directo con fluidos corporales. Los contagiados van a presentar graves síntomas como fiebre, vómitos, diarreas, dolores musculares agudos y hemorragias internas. El grave problema es que el epicentro se localiza en una región minera de alto tránsito, lo que eleva el riesgo de propagación.
Clima de hostilidad
El desarrollo de la enfermedad se ha complicado drásticamente por factores sociales y políticos profundamente arraigados en la región. Ituri es una zona asediada por el desplazamiento masivo de casi un millón de refugiados que huyen de los ataques armados perpetrados por grupos rebeldes e insurgentes islámicos.
Esta situación de violencia extrema, sumada a los severos recortes de ayuda financiera internacional aplicados por naciones ricas, mantiene a los hospitales locales en condiciones catastróficas, operando sin trajes de bioseguridad, pruebas de diagnóstico rápidas ni desinfectantes suficientes para proteger a los médicos.
La tensión social ha detonado una ola de incidentes violentos protagonizados por la población civil enfurecida contra el personal sanitario. En la última semana, tres centros asistenciales de tratamiento médico han sufrido asaltos masivos e incendios intencionales provocados por grupos de jóvenes locales.
Los ataques civiles responden al rechazo absoluto de los estrictos protocolos oficiales que prohíben a las familias recuperar los cadáveres de sus seres queridos para realizar los funerales tradicionales. Los cuerpos de las víctimas fatales son altamente contagiosos, por lo que los entierros sean manejados estrictamente por el gobierno.
Fuga de contagiados
El último gran disturbio ocurrió en el Hospital General de Mongbwalu, donde una turba armada irrumpió disparando para exigir la devolución de dos cuerpos, obligando al personal de salud a evacuar de emergencia el recinto. Días antes, otro ataque incendiario contra una carpa de la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras provocó el pánico generalizado.
La preocupación consiste en la huida de 18 pacientes con sospecha de infección activa, quienes escaparon hacia las comunidades y permanecen con paradero desconocido. Ante la escalada de violencia y el escepticismo de los pobladores, el gobierno congoleño prohibió formalmente los velorios y ordenó custodiar los entierros con militares armados.



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