Jesús Sánchez Meleán
Click here to read the English version
Dicen que “Dios los cría y ellos se juntan”. El refrán nunca falla. Nayib Bukele y Nicolás Maduro son gotas de agua del mismo charco autoritario. Y aunque canten con melodías distintas —uno se disfraza de moderno y eficiente y el otro se quedó en los coros antiguos de la revolución— los dos bailan la misma canción. Para ellos dos el poder no tiene límites.
Maduro heredó la batuta de Hugo Chávez, quien ya había armado su “modelo plebiscitario”: elecciones que no eran elecciones, sino ovaciones. En ese teatro electoral, el pueblo no elegía, aclamaba. Y si algún día votó distinto, como en 2015 cuando la oposición ganó la Asamblea Nacional, Maduro simplemente se hizo el sordo.
Dios los cría… y ellos se juntan
No reconoció resultados del 2024 y empezó su cacería de brujas. Hoy en Venezuela hay más de 900 presos políticos. ¿Su delito? Querer que se respete la decisión popular que determine que quería un cambio de gobierno y la salida del poder Maduro y el chavismo. Y Bukele, el “cool” de TikTok, va por la misma autopista.
Con su look de influencer y discurso anticorrupción, ha dado su siguiente paso. Ahora puede ser presidente vitalicio. Le mandó a poner otro “parchesito” a la Constitución. Primero puso jueces de su bolsillo en la Corte Suprema, luego se autorizaron a sí mismos para permitirle la reelección inmediata, consecutiva. Y así, paso a paso.
Dios los cría… y ellos se juntan
Bukele ha ido diseñando una constitución a la medida… de su ego. Ya se juramentó para un segundo mandato, violando la letra y el espíritu de las leyes salvadoreñas. Y lo dice sin pudor: se quedará “hasta que el cuerpo aguante”. Maduro y Bukele desprecian la alternancia. Los dos controlan los tribunales.
Los dos manipulan elecciones. Los dos persiguen a quienes los critican. Es que son del mismo club. Del club de los que no entienden que la democracia es respetar el juego, aceptar la derrota, y soltar el poder cuando toca. Así que no se dejen engañar por el peinado, la cuenta de Instagram o el acento caribeño. Dios los cría… y ellos, sin duda, se juntaron.


otras noticias
Reconocimientos que reafirman nuestra misión
Colorado vivió un emotivo viacrucis hasta el centro de detención de Aurora
La desaparición de Jonathan Torres un caso sin expediente