Jesús Sánchez Melean
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Hay imágenes que se clavan en la memoria colectiva. El político venezolano Juan Pablo Guanipa con un grillete en la pierna es una de ellas. No es solo un dispositivo electrónico. Ese grillete es el símbolo de un país que sigue encadenado. Conozco a Guanipa de toda la vida. Siempre entendió la política como un apostolado, no como un negocio.
Se formó en la convicción de que el poder es servicio y que el bien común está por encima del cálculo personal. Padre de seis hijos, viudo, con un hijo valiente que ha dado la cara públicamente por él. Su historia es la de una familia que ha pagado un precio alto. Dos de sus hermanos fueron detenidos antes que él, en lo que se interpreta como una forma de presión y extorsión.
Luego vino su propia prisión. El 8 de febrero de 2026 fue excarcelado tras más de ocho meses detenido. Mostró su boleta de libertad y dijo una frase que hoy resuena con fuerza: “Mucho que hablar acerca del presente y del futuro de Venezuela, pero siempre con la verdad por delante”. Horas después fue recapturado. El argumento oficial fue que violó condiciones al decir eso, al hablar.
Grillete en la pierna y en la lengua
Pero su orden de excarcelación solo restringía su movilidad, no su expresión. Terminó en arresto domiciliario en Maracaibo, con monitoreo electrónico y una prohibición implícita. A Guanipa lo han obligado a guardar silencio. Un grillete en la pierna y otro, metafóricamente, en la lengua. Hay que indicar que su breve aparición pública desató movilizaciones espontáneas en buena parte de Venezuela.
Fue una demostración de que el problema no era un hombre, sino el miedo que un régimen autoritario, ilegítimo, de facto, intenta reinstalar. Porque lo que hoy gobierna en Venezuela conserva las mismas caras y los mismos métodos y prácticas que el sistema que lideraba Nicolás Maduro. Para ese entramado de poder, Maduro es accesorio; el aparato permanece intacto y hasta envalentonado.
En agosto de 2024, en entrevista con El Comercio de Colorado desde la clandestinidad, Guanipa relató el proceso electoral en el que acompañó a María Corina Machado y a Edmundo González. Hablaba de organización, de esperanza cívica. Hoy esa esperanza está cercada por el debate de la llamada Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática impulsado por el gobierno de facto.

El mentado artículo 7
El artículo 7 de ese proyecto exige que los beneficiarios estén “a derecho” o se presenten ante tribunales. En la práctica, obliga a quienes han sido perseguidos por ese mismo sistema a someterse a él para obtener perdón. No es una amnistía automática, más bien se trata de algo que lleva ese nombre pero que significa una libertad parcial y condicionada.
Para muchos opositores implica aceptar simbólicamente culpa y exponerse a nuevas detenciones. María Corina Machado ha indicado que la libertad para los presos políticos debe ser inmediata e incondicional. Ha denunciado que aún hay más de 600 presos políticos, entre ellos 187 militares sometidos, según su denuncia, a torturas brutales.
Ha documentado casos ante instancias internacionales y ha rechazado lo que llama una “transición a la rusa”, donde cambian nombres, pero no estructuras. El caso de los hermanos Chirinos, ambos militares, ilustra ese drama. La madre de los hermanos Chirinos, nos contó desde Colombia que Leandro y Leonardo han recibido golpizas, asfixias, aislamiento prolongado. La celda de ellos es una fosa, cavada en la arena y con una reja como techo.
Madres desesperadas
Con toda razón, las madres de otros presos como los hermanos Chirinos se encadenan frente a cárceles en Venezuela y realizan huelgas de hambre. No piden privilegios; piden justicia. No hay libertad real mientras el régimen de facto conserve el control absoluto de tribunales, fuerzas armadas y organismos de seguridad. No hay reconciliación si la justicia se subordina al cálculo político.
La imagen de Guanipa con grillete resume la paradoja venezolana. Libertad anunciada, libertad vigilada. Amnistía prometida, amnistía condicionada. Reconciliación ofrecida, pero sin verdad plena. Cuando Guanipa dijo que para que haya amnistía y reconciliación debe hablarse con la verdad, tocó el nervio central del país
Su figura, serena incluso bajo arresto domiciliario, recuerda que la dignidad no se confisca. El grillete puede limitar movimientos, pero no convicciones. Y quizás por eso, cuando Guanipa habló, Venezuela sintió que respiraba. La pregunta que queda es si el país aceptará una libertad administrada o exigirá una libertad plena. Porque la historia demuestra que las cadenas visibles son poderosas, pero más lo es la conciencia colectiva cuando decide romperlas.

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