Jesús Sánchez Meleán
Al fenómeno ya le pusieron nombre y no es casual. “Benito Bowl” circula en medios, redes sociales y conversaciones cotidianas como una forma de nombrar algo que se salió del molde. No se trata solo de un Super Bowl ni únicamente de un espectáculo de medio tiempo. Es el cruce entre el evento deportivo más visto de Estados Unidos y el momento histórico que vive Bad Bunny, un artista latino que alcanzó la cima sin traducirse.
Mirado desde una lente casi antropológica, el Benito Bowl funciona como un ritual contemporáneo. El Super Bowl siempre ha sido un espacio donde Estados Unidos se observa a sí mismo, reafirma símbolos y decide, aunque no lo diga, qué identidades coloca en el centro. Esta vez, ese espejo devuelve una imagen distinta. Se trata de un hombre latino, cantando mayoritariamente en español, liderando el escenario más observado del país.
“Benito Bowl”, el Super Bowl cambió de idioma
Desde la lógica periodística, los hechos explican por qué el fenómeno desborda lo musical. Bad Bunny llega al halftime show inmediatamente después de ganar el Grammy al Álbum del Año con un disco completamente en español, algo inédito en la historia de esos premios. Encadena años como el artista más escuchado del planeta y se convirtió en una banda sonora generacional para millones de jóvenes latinos y no latinos.
El componente emocional también pesa. Para la diáspora boricua y latinoamericana, verlo allí se vive como representación y orgullo, la sensación de ocupar un espacio históricamente vedado a otras voces latinas visibles. Como ocurre cuando se mueven los centros de poder simbólico, la reacción no ha sido uniforme. Sectores conservadores cuestionan su elección por sus letras, por sus posturas políticas y por su rechazo a las redadas migratorias.
“Benito Bowl”, el Super Bowl cambió de idioma
En respuesta, organizaciones de derecha anunciaron un “show alternativo”, presentado como una opción “más americana”, que se transmitirá al mismo tiempo. Esa simultaneidad es, en sí misma, un retrato de la polarización cultural del país. Pero también confirma algo más profundo. El reguetón y la cultura latina ya están demasiado integrados al mercado masivo como para ser ignorados.
Pese al ruido, el peso cultural y comercial de Bad Bunny sigue intacto. Evitó giras en Estados Unidos por temor a redadas contra sus fans y ahora vuelve al mayor escaparate televisivo del país en sus propios términos.

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