EN TOKIO, JAPÓN| Fumiko Morita y su hija Kyoko Morita. (Foto/EFE)
FUMIKO ROMPE EL SILENCIO Y NARRA SU VIDA TRAS LA BOMBA
Por María Roldán y Yoko Kaneko
Fumiko Morita tenía 16 años cuando cayó la bomba atómica sobre Nagasaki. Ocho décadas después, y con 96 años, decidió tomar las redes sociales para contar lo que había callado por una vida entera: su experiencia como sobreviviente del ataque nuclear que le arrebató a su familia y transformó su vida para siempre. Morita nació en 1929 en Nagasaki.
En 2019, se unió a Twitter (hoy X) con el usuario @Iam90yearsold para comentar sobre política y sociedad japonesa. Pero fue en 2020, durante el 75 aniversario del bombardeo, que rompió su silencio. Lo hizo en reacción a los discursos repetitivos del entonces primer ministro Shinzo Abe durante las ceremonias de Hiroshima y Nagasaki.
“Está menospreciando el sufrimiento de los hibakusha [sobrevivientes de la radiación]”, escribió en redes. Fue la primera vez que habló de su historia. Ese mensaje marcó un antes y un después. Morita decidió narrar lo que vivió el 9 de agosto de 1945. Aquel día, ella estaba trabajando en un astillero a unos 10 kilómetros del centro de la explosión.
Su recuerdo
Vio un destello en el cielo y sintió una ráfaga seguida de un estruendo. Trató de volver a casa, pero alguien la desvió hacia un refugio. Allí se reencontró con su hermana menor. Regresaron a su casa al día siguiente, cuando el fuego había cesado. Encontró los cuerpos calcinados de su familia. Su padre estaba apoyado en el marco de la puerta con un megáfono en la mano.
Su madre cubría a dos de sus hermanos pequeños. El tercero nunca fue encontrado. “Me enteré de todo esto por un tuit”, contó su hija Kyoko. Hasta entonces, su madre nunca había hablado del tema. “No lo oculté, simplemente estaba ocupada con la vida”, dice Morita, quien hoy vive en Tokio con su hija.
En julio de 2024, publicó su primer libro autobiográfico: Un relato de ‘Tengo 96 años’. El verano de mis 16 años – 9 de agosto de 1945. Morita también compartió que su esposo, militar, fue parte de las brigadas de rescate en Hiroshima tras el ataque del 6 de agosto. Nunca fue reconocido como hibakusha y guardó el secreto hasta poco antes de morir a los 54 años.
Su hermana y su esposo tenían secuelas
Contó cómo siempre les hacían análisis de sangre en el hospital para enviar los resultados a Estados Unidos. Ella asegura que Washington nunca compartió con Tokio los resultados de estas y otras pruebas médicas vinculadas a los efectos de la radiación en humanos, lo que complicó los tratamientos y la comprensión de las enfermedades vinculadas a la radiación.
Su hermana menor, afectada por secuelas de la radiación, falleció a los 50. Morita responde comentarios y publica reflexiones con un claro objetivo. Quiere que los jóvenes entiendan el horror de las armas nucleares y el sinsentido de la guerra. “La guerra es realmente estúpida. Los políticos no mueren, sino los jóvenes. ¿Cómo pueden permitir eso?”, concluyó.
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