octubre 26, 2020

Otro premio Nobel

Otro premio Nobel

Jesús Sánchez Meleán

El presidente Donald Trump se ha ganado un premio Nobel. No es el premio Nobel de la Paz al que aspira desde hace al menos cuatro años. Y en esta oportunidad ha acumulado algunos punticos para lograrlo. A mediados de septiembre, Trump fue testigo de la firma del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Emiratos Árabes, Bahréin e Israel. Esa normalización de relaciones dentro de la vecindad del medio oriente fue estimulada y facilitada por la gestión de la administración Trump.

Y raudo y veloz, Trump hizo de las suyas en ese acto, asegurando que otros “cinco o seis países del medio oriente tomarán la misma decisión muy pronto”. Este fue otro comentario muy característico de su estilo poco diplomático. De todas maneras, no le ayuda mucho ese logro porque según las casas de apuestas, será Greta Thunber la que se lleve el Nobel de la Paz 2020. Solo toca esperar el suculento twitt que Trump le enviará como dardo envenenado a la joven promotora de las causas ambientales en el mundo si se convierte en ganadora del Nobel de la Paz.

Pero volvamos al Nobel otorgado al presidente de EEUU. Se trata del “Ig Noble” que premia “lo inusual y lo imaginativo solo con el propósito de estimular el interés de la gente por la ciencia, la medicina y la tecnología”. Este galardón es otorgado en el mes de septiembre desde hace 30 años. La ceremonia del 2020 fue virtual, pero tradicionalmente tiene lugar en el Teatro Sanders de la Universidad de Harvard. Sus organizadores son profesores activos o jubilados de esa universidad que se caracterizan ante todo por tener gran sentido del humor.

El “Ig Noble” es una gran broma. Solo basta ver la categoría en la cual Trump resultó premiado. Trump se hizo acreedor del “Ig Nobel” a la “Educación Médica”. Hasta el momento no hemos leído que la Casa Blanca haya rechazado el galardón. Y esto es un hecho importante. Trump va a tener que compartir el premio con al menos otros ocho presidentes. A Trump y a los otros ocho se les reconoce por “usar la pandemia para enseñar al mundo que los políticos pueden tener un efecto más inmediato sobre la vida y la muerte que los científicos y los médicos”.

Esos otros compañeros de premio con Trump son Aleksandr Lukashenko (Bielorrusia); Jair Bolsonaro (Brasil); Narendra Modi (India); Andrés Manuel López Obrador (México); Boris Johnson (Reino Unido); Vladímir Putin (Rusia); Gurbanguly Berdimuhamedow (Turkmenistán); y Recep Tayyip Erdogan (Turquía). Hay muchas diferencias entre ellos, pero sin duda tienen una característica en común. Ellos se caracterizan por ejercer un liderazgo carismático, digamos personalista, que se ha exacerbado durante la pandemia.

En el caso de Trump habría unos elementos particulares que podrían haber motivado la decisión del jurado de los “Ig Nobel”. Trump tomó para sí la misión consolar a la población en el tiempo de la pandemia. El presidente comenzó a actuar como si fuese “Guido”, el personaje principal de la película “La Vida es Bella”. Trump hacia las veces del “Guido” de Roberto Benigni, actuando como el padre protector que no quería que su hijo llegara a comprender toda la verdad. “Guido” le ocultó la verdad a su hijo. Mientras, Trump “minimizó” la cruda realidad que representaba en el coronavirus ante los norteamericanos.

Y ya los más suspicaces estarán pensando a dónde quiero llegar. No es ni justo ni racional el culpar a Trump por los 200 mil decesos por COVID-19. Pero, tampoco podemos negar que tiene gran responsabilidad por los errores en el manejo de la crisis de salud. Muchos de sus seguidores si entendieron que la epidemia era algo serio. Estas personas tomaron precauciones y hasta siguen trabajando desde su casa y usando máscaras al salir. Pero, también hay que decir que no son pocos los que como mansos corderitos la compraron la tesis al “Consolador en Jefe”

Muchos seguidores de Trump creen, como si estuviese escrito en piedra, que el COVID-19 fue un invento. Ellos consideran que esa era una gripe cualquiera que desapareció el Domingo de Resurrección. Pero aún, muchos de los que se identifican con Trump consideran que las normas de distanciamiento social y de reapertura progresiva de los negocios fue solo un exceso de algunos gobernadores demócratas. Incluso, no son pocos los que le otorgan a las máscaras el valor de una declaración de tipo política: “estoy contra Trump”.

Y aquí hay una verdad relativa. Esas fueron las consecuencias del discurso público de Trump. El presidente “minimizó” la pandemia. Pero, su administración, aunque fuese a regañadientes, coordinó a diario con todos los gobernadores del país las acciones a seguir. Esta dualidad es difícil de entender. Lo mejor hubiese sido el que el discurso oficial del presidente se ajustara a las acciones de su propia administración. Pero eso es mucho pedir. Tiene merecido el premio por no haber contribuido, con su discurso, a minimizar las pérdidas humanas que está dejando el coronavirus.  


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