La historia vuelve a escribirse en Teherán 

La historia vuelve a escribirse en Teherán 

Jesús Sánchez Meleán 

En los últimos días he sentido que la historia, esa que uno cree lejana, volvió a tocar la puerta. No como recuerdo, sino como capítulo nuevo de una trama que empezó antes de que yo tuviera conciencia del mundo. Cuando cayó el Sha y ascendió la revolución islámica en 1979, yo apenas entendía que algo grande ocurría en Irán. Décadas después, comprendí que aquello no era un episodio aislado, sino un punto de quiebre que todavía nos alcanza. 

Aprendí primero desde el cine. La extraordinaria película Argo, dirigida y protagonizada por Ben Affleck, me llevó a los días del secuestro en la embajada estadounidense en Teherán. Sentí la tensión, el miedo, la ruptura definitiva entre Irán y Occidente. Pero fue leyendo The Prize: The Epic Quest for Oil, Money & Power de Daniel Yergin cuando realmente entendí la magnitud de aquel cambio. 

Yergin explica cómo el Sha, Mohammad Reza Pahlavi, convirtió a Irán en potencia petrolera tras el golpe de 1953, apoyado por Estados Unidos y Reino Unido. En los años setenta era proveedor clave para Japón y Europa. Pero la modernización acelerada, la inflación, la corrupción y la represión de la SAVAK encendieron el rechazo religioso encabezado por Ruhollah Jomeini.  

La huelga petrolera de 1978 paralizó el país; el Sha huyó el 16 de enero de 1979; Jomeini regresó el 1 de febrero. El 1 de abril nació la República Islámica. El petróleo subió de 14 a 39 dólares por barril y el mundo entró en pánico. Ese régimen sobrevivió a sanciones, guerras y protestas. Se sostuvo con represión frente a jóvenes que rechazan una cultura impuesta, anacrónica.  

Por eso impactó tanto la muerte de Alí Jamenei, heredero de ese sistema durante casi 37 años. Con él se cierra otro capítulo. He vivido estos días con la sensación de estar ante un giro histórico. Pero me inquieta lo que viene. Cambiar una cultura impuesta desde 1979 no será sencillo. Temo que ese tránsito traiga sangre y violencia. Sin embargo, la historia ya comenzó a moverse. Ojalá lo haga hacia el campo de la libertad. 

Jesús Sánchez Meleán

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