El Nobel que honra la resistencia venezolana

El Nobel que honra la resistencia venezolana

Por Jesús Sánchez Meleán

El próximo 10 de diciembre, el mundo será testigo de un hecho histórico y profundamente simbólico. El Premio Nobel de la Paz será entregado a una latinoamericana, la venezolana María Corina Machado. No se trata únicamente de un galardón individual, sino del reconocimiento a un esfuerzo colectivo, a un país que lleva un cuarto de siglo resistiendo la opresión y el autoritarismo.

El Nobel honra a una mujer que, aun cercada por un sistema que la persigue, no ha dejado de levantar la voz por la democracia. Que María Corina reciba este premio es validar, frente a la comunidad internacional, una lucha moral, cívica y política que no ha dado tregua. En Venezuela, hacer política se convirtió en una actividad de riesgo. María Corina no puede circular libremente, no puede montar en un avión, no tiene garantía alguna de seguridad.

Durante su campaña en 2024, lograda por presión internacional, hoteles cerraban sus puertas para impedirle dormir, restaurantes eran clausurados por servirle comida, ciudadanos detenidos por apoyarla. ¿Cómo hacer política así? Solo alguien con entereza y convicción puede sostener esa batalla. De allí la grandeza del premio. El Nobel reconoce no solo el nombre de una líder, sino el compromiso de millones que sueñan con un país libre.

No es la primera vez que América Latina recibe este honor

En 1980, Adolfo Pérez Esquivel, activista argentino, fue galardonado tras enfrentar la dictadura de su país. Fue preso sin proceso judicial alguno. Aquel era el momento en el cual, Argentina, Brasil, Uruguay y Chile compartían un modelo de gobierno. Todos tenía salvajes dictaduras para la cuales no existía la ley. Pérez Esquivel recibió el Nobel en ese contexto.

En 1987, Óscar Arias, entonces presidente de Costa Rica, lo obtuvo por su plan de paz para Centroamérica. El esfuerzo de Arias facilitó e hizo posible el retorno a gobiernos civiles y el fin del poder militar en todo el Istmo centroamericano. Arias, logró convencer a los regímenes de aquellos países y a sus ejércitos sobre la necesidad de avanzar juntos a una nueva realidad que llevara a elección de gobiernos que tuviesen legitimidad. Se fue el plan Estipulas.

Conversé con ambos en momentos distintos. Con Pérez Esquivel, en 2014 aquí en Denver, encontré la distancia de quien se aferra a narrativas románticas sobre Venezuela y la tragedia que ha representado el chavismo para la región y para el mundo. Pérez Esquivel me aseguró que el chavismo erradicó el analfabetismo, aseguró la salud y la educación para todos los venezolanos y diversificó la economía. La realidad, los datos, los hechos lo desmentían.  

Chavismo sembró miseria y desesperanza

El chavismo no ha erradicado nada, más bien sembró miseria y desesperanza. Con Arias, en 2018, hallé claridad. Me dijo sin ambigüedades que en Venezuela existe una dictadura y que para aquel momento las elecciones habían sido una farsa. Se refería Arias a las elecciones de mediados del 2018, en las cuales Maduro se religión luego de haber inhabilitado a todos los posibles candidatos realmente opositores. El escogió los candidatos y se proclamó presidente.

Esa verdad, que algunos evaden, él, el expresidente Arias la reconoció con firmeza. Desde 2018, Nicolás Maduro se sostiene en el poder por la fuerza. Hay manipulado los procesos electorales o sus resultados, cuando no le han favorecido. En 2024, en su segundo intento de reelegirse, se volvió a autoproclamar presidente. Y pese a ello, María Corina Machado ha continuado recorriendo caminos sabiendo que pueden cerrarle la puerta, pero no la esperanza.

Su Nobel premia esa resistencia

Premia a quienes no renuncian a la democracia, dentro y fuera de Venezuela, en el mundo. Hoy toca felicitarnos. Felicitar a María Corina, a los venezolanos dispersos por el mundo, y a quienes creemos que la democracia es un derecho irrenunciable. Que la voluntad popular cuenta, que la ley tiene valor. Que este Nobel no solo ilumina un nombre. El premio ilumina la ruta hacia la recuperación de una nación y de una región.

El premio brinda esperanza para una región que a principios de los 80 luchó y logró erradicar a las dictaduras del sur del continente. Luego, como región puedo también forzar a los militares a regresar a los cuarteles en Centroamérica. Y que es ahora una región con el reto, es extirpar, el autoritarismo del régimen chavista que destruyó un país y conmocionó toda el área.

Jesús Sánchez Meleán

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