Buscando la paz mientras sostengo mi familia y mi negocio 

Searching for Peace While Holding Everything Together  Buscando la paz mientras sostengo mi familia y mi negocio 

(Foto/ Marco Antonio Casique Reyes) 

NOTAS DE UNA MADRE INMIGRANTE EN COLORADO 

Dr. Luisa Montoya/ Diversity Matters

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Existe un tipo particular de agotamiento que surge al intentar construir una vida en paz mientras el suelo bajo tus pies sigue moviéndose. Como madre inmigrante en Colorado, la paz es algo que persigo constantemente, que rara vez alcanzo y que siempre estoy negociando: entre la crianza, el emprendimiento y ese temor silencioso que nunca abandona por completo la habitación. 

Colorado suele presentarse como un estado acogedor, progresista e inclusivo. Y en muchos sentidos, lo es. Los inmigrantes representan aproximadamente el 10 % de la población estatal y son responsables de una parte significativa de los pequeños negocios, especialmente en los sectores de servicios, construcción y cuidado infantil. 

Los negocios propiedad de inmigrantes aportan miles de millones de dólares a la economía de Colorado y emplean a decenas de miles de personas. No somos invisibles. Somos esenciales. Y, sin embargo, el miedo tiene la capacidad de imponerse a las estadísticas. Durante el último año, los reportes sobre un aumento en las actividades de control de ICE en Colorado se han propagado rápidamente en las comunidades inmigrantes.  

Viviendo con precaución 

Ya sea en Denver, Aurora o en pueblos más pequeños, el resultado es el mismo. Padres que revisan dos veces las rutas hacia la escuela, trabajadores que dudan antes de presentarse en sus lugares de trabajo y niños que aprenden palabras como “redada” mucho antes de lo que deberían. Incluso cuando los rumores resultan ser falsos, el impacto psicológico es real.  

El miedo no necesita confirmación para instalarse. Lo que más me pesa es la conciencia de mis hijos. Hacen preguntas cuidadosas. Notan mi tensión cuando un auto desconocido permanece demasiado tiempo estacionado en nuestra calle. Saben que la seguridad es condicional. Ningún niño debería crecer midiendo el riesgo antes que la Inocencia. 

Sin embargo, muchos hijos de inmigrantes lo hacen. Y lo hacen en silencio, de forma instintiva y sin dramatismo. Al mismo tiempo, estoy dirigiendo un negocio. Ahí es donde la contradicción se vuelve casi absurda. A los emprendedores inmigrantes se les celebra por su resiliencia, determinación y contribución, hasta que los sistemas que deberían proteger la estabilidad comienzan a erosionarla.  

Prepararse para lo inesperado 

Dirigir un negocio exige planificación, visión a largo plazo y confianza en el mañana. Vivir bajo incertidumbre constante socava las tres. Se espera que crezcas, contrates, cumplas con regulaciones y contribuyas, mientras te preparas para la posibilidad de que todo pueda desmoronarse con un solo golpe en la puerta. 

Hay un humor oscuro en este equilibrio, lo admitamos o no. Presentas impuestos, cumples con la nómina y planificas el crecimiento mientras calculas escenarios catastróficos para los que ningún curso de negocios te preparó. Es un agotamiento que no aparece en las hojas de cálculo. La Diversidad, Equidad e Inclusión no puede quedarse en la celebración.  

Debe enfrentar la incomodidad. Debe reconocer que la inclusión sin seguridad es frágil y que la equidad sin estabilidad es meramente performativa. Las familias inmigrantes no pedimos simpatía; pedimos sistemas que reconozcan nuestra humanidad más allá de nuestro aporte económico. 

Sigo buscando la paz. No la abstracta, sino la práctica: la capacidad de planificar, de respirar, de criar hijos sin enseñarles el miedo como herramienta de supervivencia. Hasta entonces, seguimos adelante, no porque sea fácil, sino porque detenernos no es una opción. 


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