RECORRÍ UNA CIUDAD QUE ELIGIÓ LA PAZ
Por Maira Quinn López
El Comercio de Colorado
Mi crónica sobre las incidencias del National Shutdown / No Work, No School, No Shopping / Stop funding ICE en la capital de Colorado.
Salí a caminar al mediodía sin saber exactamente cómo iba a terminar el día, pero con la certeza de que quería estar ahí. En el centro de Denver, entre el Capitolio y las calles del downtown, me encontré rodeada de estudiantes y maestros que habían decidido salir de las aulas para alzar la voz. No era una multitud anónima: eran rostros conocidos, vecinos, jóvenes que comparten los mismos autobuses, las mismas esquinas y, en muchos casos, las mismas preocupaciones.
Caminé junto a dos de mis profesoras de DSST: Montview High School. A su alrededor también marchaban estudiantes de esa misma escuela, chicos que reconocí enseguida porque viven en mi vecindario. Eso hizo que el ambiente se sintiera cercano, casi familiar. Entre consignas y carteles, hubo tiempo para hablar, para preguntarnos cómo estábamos y para compartir la sensación de estar viviendo un momento que iba más allá de una protesta.
Estudiantes y maestros caminaron juntos en Denver

La marcha avanzó por zonas como Capitol Hill y el Golden Triangle. Había presencia policial y calles cerradas, pero el ambiente se mantuvo tranquilo. Los mensajes en los carteles hablaban de derechos humanos, de rechazo a las redadas migratorias y de solidaridad con otras ciudades del país. Más que rabia, lo que se sentía era determinación.
Mi historia personal también caminaba conmigo. Soy hija de un padre angloamericano y de una madre centroamericana, y en ese cruce de culturas aprendí desde pequeña a mirar estas realidades desde más de un ángulo. Mientras avanzábamos por el centro, pensé en cómo estas decisiones políticas se sienten de manera distinta dependiendo de quién eres, de dónde vienes y de qué tan segura es tu vida cotidiana.
Después de la marcha, seguí caminando hacia La Alma–Lincoln Park. Decidí hacerlo a pie, atravesando el centro de la ciudad, observando cómo Denver iba cambiando de ritmo a medida que me acercaba al parque. Disfruté ese trayecto: fue un tiempo para procesar lo vivido, para escuchar fragmentos de conversaciones de otros manifestantes y para ver cómo grupos distintos, que quizá no se conocen entre sí, caminaban hacia un mismo punto.

Estudiantes y maestros caminaron juntos en Denver
Al llegar a La Alma, el ambiente era distinto pero complementario. Familias con niños, estudiantes, trabajadores, maestros y líderes comunitarios llenaban el parque. Había música, arte, mesas para pintar carteles y discursos que mezclaban denuncia con esperanza. Escuché testimonios de personas con familiares detenidos y de jóvenes que viven con miedo a las redadas, pero también vi abrazos, risas y gestos de cuidado colectivo.
Lo que más me marcó fue que, a pesar de la tensión que se vive en el país y del motivo profundo de estas protestas, la jornada transcurrió en paz. No hubo violencia. Hubo organización, diálogo y una sensación compartida de que salir a la calle también puede ser un acto de cuidado.
Regresé a casa cansada, pero esperanzada. Caminé junto a estudiantes y maestros, crucé una ciudad que se manifestó sin perder la calma y terminé el día con la convicción de que estas experiencias dejan huella. No solo en las calles, sino en quienes las recorremos.
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