Foto | André Escaleira, Jr – Cortesía El Pueblo Católico
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CAMINATA EN FE POR LOS MIGRANTES
Lewis Griffiths Tovar
Yo soy Lewis, o mejor me pueden llamar Luis, tengo 23 años, y el sábado 22 de noviembre caminé tomado de la mano de mi novia en un viacrucis diferente a cualquier otro. No era Semana Santa ni estábamos en una parroquia. Avanzábamos por los alrededores del centro de detención de migrantes en Aurora, bajo un cielo frío y claro, acompañando a cientos de personas que, como nosotros, querían rezar, reflexionar y solidarizarse con quienes hoy sufren un calvario muy real. Al final del recorrido, sentí que algo dentro de mí se renovó.
El viacrucis, una tradición cristiana que recuerda el camino de Jesús hacia la cruz, se convirtió esta vez en un gesto público y profundo de apoyo a los migrantes detenidos y a sus familias. Cada estación evocaba no solo la Pasión de Cristo, sino también el dolor moderno de quienes cruzan fronteras, enfrentan detenciones, separación familiar o explotación laboral. Caminar ese trayecto fue, para muchos de nosotros, un acto de fe y conciencia.
La presencia del arzobispo Samuel Aquila, disipando cualquier duda sobre sus posturas que algunos llaman “conservadoras”, y del obispo Jorge Rodríguez, marcó el tono espiritual del encuentro. Son las figuras más altas de la Iglesia católica en Colorado, y su participación mostró que este llamado no es solo de los fieles, sino de toda la Iglesia. Ambos recordaron que la dignidad del migrante es inviolable y que la enseñanza católica exige acoger, acompañar y defender a quienes sufren injusticias.

(Fotos/ André Escaleira, Jr – Cortesía El Pueblo Católico)
Llamado del papa León XIV
Este viacrucis responde también a los recientes llamados del papa León XIV, quien ha exhortado a los obispos a ser voces claras y críticas ante el trato que reciben los migrantes en Estados Unidos. Su mensaje, que pide compasión, justicia y reforma humana de los sistemas migratorios, resonó en cada oración y en cada paso del recorrido. Yo pude ver entre los participantes lo que me pareció familias enteras y según pude conocer al escribir esta nota que habia personas de más de 36 parroquias.
Había jóvenes como nosotros y miembros de organizaciones civiles, todos unidos por el deseo de elevar una plegaria. Y me refiero que la aspiración es que los migrantes no sigan cargando cruces invisibles en silencio. Escuché testimonios de personas que han sufrido explotación laboral o temen no volver a casa por miedo a la deportación. Sus palabras se mezclaban con los rezos, recordándonos que este viacrucis es también una denuncia, una forma de hacer visible un dolor que a menudo se ignora.
El recorrido concluyó frente al centro de detención, donde el arzobispo Aquila y el obispo Rodríguez dirigieron la oración final. Allí, recordaron que la dignidad no la otorga ningún gobierno. La dignidad humana viene de Dios, y por eso es deber moral defenderla. También reafirmaron su rechazo a las políticas que dividen familias o convierten a los migrantes en piezas de juego político.
Cuando el viacrucis terminó, mi novia me apretó la mano. Los dos sentimos que no solo habíamos acompañado un acto religioso; habíamos acompañado a una comunidad. Y que ese gesto sencillo, caminar y rezar, era también una forma de esperanza.


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