Jesús Sánchez Meleán
Las celebraciones por los 150 años de la creación de Colorado dejaron escenas imborrables en la avenida Broadway, donde miles de personas tomaron las calles con ambiente festivo. Sin embargo, el encuentro más sorprendente ocurrió al cruzar las puertas del History Colorado. Allí, nada más y nada menos que el mismísimo Casimiro Barela, personificado con notable rigor histórico, esperaba a los visitantes para guiarlos hacia el documento que dio origen a todo.
Casimiro nos presentó la Constitución original de Colorado. Con la soltura de quien sirvió cuatro décadas ininterrumpidas en la Cámara Alta estatal, el prócer saludaba a los curiosos mientras recordaba que la diversidad no es una tendencia reciente, sino la base misma sobre la cual se erigió el estado número 38. Mientras la multitud admiraba el manuscrito de 1876, la figura de Barela tomó la palabra para impartir una valiosa lección de integración constitucional.
Encuentro con Casimiro
“En 1872, un año después de convertirme en senador territorial, dije: ‘Pueden decir que la ignorancia de la ley no es excusa para romperla, pero yo digo que es la única excusa’. Si la gente no puede leer la ley, no pueden esperar que la siga”, relató la caracterización de Barela frente a los asistentes. Aquella convicción lo llevó a garantizar que la carta magna estatal se imprimiera tanto en español como en inglés.
A esa propuesta se sumó el colono alemán Friedrich Ebert para incluir también su idioma natal.
Así fue como nació una constitución trilingüe, redactada en inglés, español y alemán. Para el histórico legislador, preservar el idioma de una nutrida población hispanohablante no buscaba crear divisiones, sino lograr la verdadera integración y asegurar el respeto a las instituciones. El multiculturalismo que hoy distingue a Colorado estuvo presente desde el primer día de su vida.
Encuentro con Casimiro
Ese encuentro fortuito con el “Padre del Senado” dejó en claro que Colorado fue proyectado desde sus orígenes como un espacio plural e incluyente. Catorce décadas después de aquellas intensas discusiones legislativas, la lección de Barela mantiene su vigencia. Entender la ley en la propia lengua sigue siendo el camino más seguro para construir ciudadanía y respetar la convivencia comunitaria.


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