Inmunidad en retroceso 

Inmunidad en retroceso 

Jesús Sánchez Meleán 

Genera mucha preocupación un fenómeno que parecía impensable hace apenas unas décadas. Nos referimos al regreso de enfermedades que ya estaban bajo control. El sarampión, la polio o la tosferina dejaron de ser amenazas constantes gracias a las vacunas. Hoy, sin embargo, vuelven a aparecer brotes que exponen una realidad incómoda. La inmunidad colectiva se está debilitando. No se trata de una falla científica.  

Las vacunas siguen siendo altamente efectivas y seguras. Dos dosis contra el sarampión alcanzan una eficacia del 97%, y la serie contra la polio llega al 99%. El problema no está en la medicina, sino en la desinformación y en decisiones individuales que, sumadas, erosionan la protección comunitaria. Apostar por la llamada “inmunidad natural” implica aceptar que un niño se enferme primero, sin garantía de un desenlace leve. 

El impacto más doloroso recae en los más vulnerables, los bebés. El caso de la familia Otwell lo ilustra con claridad. Su hijo Arthur, aún demasiado pequeño para recibir la vacuna contra el sarampión, quedó expuesto durante un brote que obligó a sus padres a evitar actividades cotidianas como ir al supermercado. Esa es la cara más cruda de la pérdida de inmunidad colectiva. Quienes no pueden protegerse dependen de la responsabilidad de los demás. 

Los datos confirman la tendencia 

La cobertura de vacunación en niños de kínder ha caído de 95.2% a 92.5% en pocos años, por debajo del umbral necesario para frenar la propagación del virus. En algunas comunidades, la cifra es aún menor. El resultado es visible. Hay brotes recurrentes de sarampión y otras enfermedades que se creían controladas, incluso con decenas de focos activos en Estados Unidos durante el último año. 

A esto se suma el rechazo a cuidados básicos en recién nacidos, como la vitamina K o la pomada ocular preventiva, impulsado por desinformación en redes sociales. Médicos en todo el país alertan que estas decisiones están reabriendo riesgos ya superados hace décadas. El problema no son las vacunas, ni la ciencia que las respalda de manera sólida y repetida. El problema es la terquedad frente a la evidencia.  

Por ello, este medio invita a sus lectores a informarse, consultar fuentes médicas confiables y profundizar en la cobertura especial sobre este tema. Dejan a un lado el discurso que quiere descalificar a la ciencia. La inmunidad colectiva no es un concepto abstracto. Es una red de protección que hoy se está debilitando. Y cuando esa red falla, los primeros en sufrirlo son siempre los más indefensos. 

Jesús Sánchez Meleán

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