Screenshot
Luis Canela/ Hablemos de Deportes
Es un honor compartir nuestra pasión por el deporte, justo ahora que nos preparamos con todo para la Copa Mundial de la FIFA 2026. El magno evento, programado del once de junio al diecinueve de julio, ya tiene la cuenta regresiva activada. Estamos exactamente a veintiún días del pitazo inicial.
Y tres países, Canadá, Estados Unidos y México, están listos para recibir al planeta con los brazos abiertos. Esta edición marcará un hito absoluto al ser el primer torneo de la FIFA que se disputa en tres naciones coanfitrionas, superando el único antecedente de Corea del Sur y Japón en 2002, donde solo fueron dos países.
Además, México se convertirá en el primer país del planeta en albergar tres Copas del Mundo tras las experiencias de 1970 y 1986. Una auténtica locura para la historia del fútbol norteamericano, aunque a más de uno ya le esté dando un infarto no por la emoción, sino al ver su cuenta bancaria.
En las redacciones, en la radio y en la televisión no se habla de otra cosa. Y es que la preventa inicial, con precios que estaban literalmente por las nubes, terminó asustando a tantos aficionados locales que el ritmo de compra se frenó en seco. Como diríamos en el barrio, se les pasó la mano con el picante.
Según los datos de las principales agencias de reventa como TicketData, los precios en el mercado secundario han tenido que caer un veintitrés por ciento promedio en el último mes para los partidos de la fase de grupos. Pero no canten victoria ni saquen los ahorros de la jubilación todavía, porque la entrada más barata promedio no baja de los quinientos cincuenta dólares.
Con esos costos, ver un partido de fútbol se está volviendo un lujo más inalcanzable que mantener una dieta estricta el fin de semana, alejando por completo al fanático común de las tribunas. Para sorpresa de muchos, las autoridades de ciudades sede como Arlington, en el área de Dallas, Texas, admitieron en sus recientes reuniones de consejo que la respuesta del público no ha sido la esperada.
Resulta que solo se han vendido entre el treinta y cinco y el cincuenta por ciento de los cientos de miles de boletos disponibles para sus partidos. Ciudades con enorme mercado como Los Ángeles, Nueva York y Miami logran mantener precios altísimos que superan los mil dólares cuando se trata de ver a potencias como Argentina o Brasil, pero los compromisos menos llamativos de la fase de grupos están teniendo serios problemas para llenarse.
La gente es sabia y está aplicando la de esperar sentada a que los precios bajen todavía más, porque nadie quiere empeñar un riñón por un partido de primera ronda. El dolor de cabeza no termina en la taquilla, ya que las familias y los fieles seguidores del deporte más grande del planeta se están quejando amargamente de que todo lo que rodea al viaje está incomible.
El precio del transporte en avión, la gasolina para los carros y la comida están por las nubes. Y por si eso fuera poco, aquí en los Estados Unidos la aventura se vuelve una misión imposible porque los turistas simplemente no pueden encontrar un cuarto de hotel disponible o una casa para rentar que no cueste un ojo de la cara.
Así que, mientras los organizadores rezan para que los estadios no parezcan desiertos, los fanáticos seguirán cruzando los dedos para que la economía les dé un respiro antes de que ruede el balón.

otras noticias
Comunidad oaxaqueña y La Plaza Colorado liman asperezas tras abrupto fin de muestra gastronómica
Dos graves accidentes paralizaron el tráfico dejando un muerto y heridos
Denver reduce cifra de indigentes según reporte nacional independiente