PROBARON SISTEMA MILITAR LÁSER ANTIDROGRAS EN FORT BLISS
Redacción El Comercio de Colorado
La mañana se partió en dos en la frontera. A las primeras horas, la Administración Federal de Aviación (FAA) de EE.UU. ordenó el cierre del espacio aéreo en un radio de diez millas náuticas alrededor del aeropuerto de El Paso, Texas. La medida, anunciada por “razones especiales de seguridad”, cayó como un balde de agua al otro lado del río Bravo, en Ciudad Juárez.
Al principio se habló de una restricción que podría extenderse hasta diez días. El rumor corrió rápido entre viajeros, agencias y empresas. Más tarde, la explicación oficial cambió de tono. Se trataba de pruebas de un sistema militar láser antidrones en Fort Bliss. En la práctica, el cierre duró alrededor de ocho horas. Pero fueron suficientes para alterar la dinámica de una de las regiones binacionales más activas de Norteamérica.
El Paso como un terminal binacional
Aunque el espacio aéreo mexicano no fue cerrado y el aeropuerto internacional Abraham González continuó operando con normalidad, Juárez resintió el impacto. En la vida cotidiana de la frontera, el aeropuerto de El Paso funciona como una terminal casi binacional. Este frece más rutas, mejores conexiones y, en muchos casos, tarifas más competitivas. Cuando sus pistas quedaron en silencio, miles de pasajeros quedaron en el limbo.
En agencias de viaje sobre la avenida Gómez Morín y en módulos improvisados dentro de centros comerciales, los teléfonos no dejaron de sonar. “Reprograme por Ciudad de México o por Dallas”, repetían los agentes. Decenas de juarenses que cruzan a Texas para volar tuvieron que cambiar itinerarios sobre la marcha. Algunos saturaron vuelos desde Juárez. Otros asumieron costos adicionales y conexiones forzadas.
La maquila también tomó nota
Empresas de exportación que dependen de envíos aéreos urgentes desde El Paso reprogramaron cargas y ajustaron cadenas de suministro. En una región donde cada hora cuenta para cumplir contratos internacionales, la interrupción encendió alertas. El desconcierto se alimentó de versiones cruzadas. Circularon rumores sobre drones ligados al crimen organizado antes de confirmarse que eran pruebas militares antidrones.
Autoridades locales en ambos lados admitieron que la medida fue sorpresiva. En Juárez, muchos la percibieron como una decisión unilateral, sin coordinación binacional clara. Al caer la tarde, el aeropuerto de El Paso reanudó operaciones y el cielo volvió a abrirse. No hubo incidentes físicos ni suspensión de vuelos en territorio mexicano. Sin embargo, la jornada dejó una lección incómoda.
La dependencia estructural de Ciudad Juárez respecto a la infraestructura aérea estadounidense y la vulnerabilidad de la frontera cuando Washington activa protocolos de seguridad sin previo aviso. En la franja Juárez–El Paso, donde miles cruzan a diario para trabajar, estudiar o visitar a sus familias, el cierre fue breve. El impacto, en cambio, fue inmediato y revelador. Aquí, cualquier decisión en el aire se siente en tierra.
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