FOTO OFICIAL| Angelina Resendiz. (Foto/Familia Resendiz)
CASO ANGELINA RESENDIZ SACUDE A EE.UU.
Redacción El Comercio de Colorado
Angelina Petra Resendiz soñaba con superarse. Con apenas 21 años, esta joven hispana originaria de Texas había encontrado en la Marina de Estados Unidos una vía para representar con orgullo a su comunidad y servir al país. En 2023 se enlistó con la esperanza de abrirse camino y demostrar que el uniforme también podía ser un símbolo de protección y dignidad para las mujeres latinas.
Pero el 29 de mayo de 2025, ese sueño terminó abruptamente. Fue vista por última vez en su dormitorio de la Estación Naval de Norfolk, Virginia. La alarma tardó en activarse. Las autoridades la consideraron “ausente sin permiso”, un estigma doloroso que postergó la búsqueda y la alerta pública durante días. No fue hasta el 3 de junio que se emitió una alerta formal de persona desaparecida. Para entonces, ya era tarde.
Apareció en zona boscosa
El 9 de junio, el cuerpo de Angelina apareció en una zona boscosa, cerca de una escuela primaria en Norfolk. La confirmación forense llegó al día siguiente, destrozando cualquier esperanza. Un marinero fue detenido, aunque los cargos específicos siguen siendo un misterio y el proceso se tramita bajo el Código Uniforme de Justicia Militar.
La historia de Angelina recuerda dolorosamente a la de Vanessa Guillén, la soldado asesinada en 2020 en Fort Hood. Ambas jóvenes latinas. Ambas con sueños truncados. Ambas víctimas de un sistema militar que, según denuncian familiares y organizaciones como LULAC, sigue fallando estrepitosamente en proteger a sus propios miembros.
La familia Resendiz, acompañada de líderes comunitarios y veteranos, ha exigido una investigación independiente y reformas profundas. “En lugar de tratar a Angie como una persona desaparecida en peligro, la Marina la reportó como ausente sin permiso y esperó seis días para actuar”, denunció Juan Proaño, director ejecutivo de LULAC.
La desconfianza crece
Madres, padres y hermanos de jóvenes militares, especialmente de comunidades latinas, sienten cada vez más temor al entregar a sus hijos a un sistema que promete cuidado pero que, en demasiados casos, ofrece silencio y encubrimiento. El caso de Angelina indica que, pese a las reformas anunciadas tras la tragedia de Guillén, la impunidad y las fallas estructurales persisten.
Las organizaciones señalan que la lentitud en las investigaciones, la falta de transparencia y el trato revictimizante contribuyen a perpetuar un ambiente de miedo y vulnerabilidad. Hoy, el nombre de Angelina Resendiz se suma a la dolorosa lista de mujeres jóvenes que pagaron con su vida el precio de la indiferencia. Su familia planea donar cualquier indemnización a organizaciones que luchan contra la violencia y el abuso en las fuerzas armadas.
Este se trata de un último gesto para transformar el dolor en acción. El uniforme no debería ser una sentencia de silencio. La historia de Angelina exige justicia, verdad y un cambio real en las filas militares estadounidenses. Porque cada día que pasa sin respuesta, la impunidad sigue ganando.


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