Jesús Sánchez Meleán
Las historias tienen un poder extraordinario. No necesitan grandes salones ni discursos elaborados para cambiar realidades; basta con que sean auténticas. Esto lo recordó el periodista y conferencista Dan Grech durante la convención de la Colorado Press Association 2026, al enfatizar que la esencia del periodismo es contar historias con humanidad, pues es la forma más directa e inmediata de conectar con las personas.
Esa enseñanza cobró vida al escuchar el testimonio de Mónica Ramírez en Denver. La abogada de derechos civiles y activista asistió a la ciudad para recibir el reconocimiento Eagle Leadership Award del Latino Leaders Network. Creadora del Festival Raizado en Aspen y referente nacional de la comunidad hispana, Mónica es responsable de logros con gran impacto, como la carta “Dear Sisters” que visibilizó a más de 700 mil trabajadoras agrícolas e impulsó el movimiento TIME’S UP.
El valor de contar historias
Pero más allá de sus títulos en Harvard y de las organizaciones que ha fundado, la clave de su historia está en su origen. Hija y nieta de campesinos migrantes, creció motivada por el ejemplo y el respaldo constante de su familia. Fue ese estímulo en su hogar el que la llevó, con solo 14 años, a reclamar la falta de cobertura de la comunidad latina en los periódicos locales y a escribir sus primeras columnas en un periódico de su pueblo natal.
Su primera misión en el ámbito público fue precisamente el convertirse en la “cronista del pueblo”, de su pueblo. Su ruta hacia el servicio público lo comenzó contando historias. El camino de Mónica Ramírez demuestra que el aliento familiar y el orgullo por las propias raíces son el verdadero motor del liderazgo. Contar historias reales no solo conecta a la gente, sino que inspira a toda una comunidad a alzar la voz.
El valor de contar historias


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