septiembre 8, 2026

Se nos fue la reina Dolly

Se nos fue la reina Dolly

¡Qué onda, mis carnales de Colorado! Miren que a este hidrocálido de Aguascalientes se le encogió el corazón con la partida de mi mera comadre, la gran Dolly Parton. Yo, que soy bien mitotero y no se me va una, les digo de frente que esta mujer era pura luz, una verdadera chulada de ser humano que demostró que se puede tocar la cima del mundo sin perder el suelo ni un solo segundo.

Cómo no voy a admirar a una chamaca que nació en la miseria más dura, allá entre doce hermanos en una casilla de madera en Tennessee, y que a pura garra, talento y corazón se convirtió en un ícono mundial. Salir de la pobreza extrema no la volvió soberbia; al contrario, agarró sus primeros pesos y se puso a repartir bendiciones.

Su fundación entregó más de doscientos millones de libros a niños de escasos recursos porque su propio padre no sabía leer, y cuando los incendios golpearon a su gente, les soltó billete directo a las familias sin tanta burocracia ni rodeos. ¡Eso es tener madre y saber para qué sirve la lana!

Con elegancia que le nacía del alma

Además, qué fe tan bonita y genuina tenía mi Dolly. Una fe sin juicios, sin andar señalando a nadie con el dedo, donde cabía todo el mundo: desde los abuelitos de pueblo hasta la comunidad LGBTQ+. Ella siempre decía que todos somos hijos de Dios y se dedicó a amar a la gente tal y como era, con un humor autocrítico bien sabroso y una humanidad que ya no se ve en estos tiempos de tanto divismo.

Con sus pelucas gigantes, sus vestidazos llenos de pedrería y esas uñas acrílicas con las que tocaba el banjo, se rio de los estereotipos y nos enseñó que la verdadera elegancia nace del alma. Mi comadrita Dolly Parton fue el ejemplo vivo de que la autenticidad es el único camino al éxito real.

Se nos fue una gigante de la música y del corazón. Pero su legado de bondad, trabajo duro y alegría se queda para siempre iluminando a quienes creemos en la buena madera de la gente. ¡Descanse en paz, mi reina adorada!


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