POR CAMBIOS AL T-MEC| Afectaría producción de Ford Maverick en México. (Foto/AP)
FRENTE A LAS PRESIONES DE WASHINGTON
Redacción El Comercio de Colorado
El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) alcanzó formalmente su fecha de revisión obligatoria para su renovación. Este proceso, que constitucionalmente se activa cada seis años, marca el inicio de un periodo de intensas negociaciones que medirán la resistencia de la economía mexicana frente a las exigencias proteccionistas de Washington. A pesar de que los tres países mueven diariamente alrededor de 5.000 millones de dólares en bienes y servicios, el panorama se vislumbra complejo y sembrado de desafíos estructurales.
Desde la perspectiva mexicana, el objetivo principal radica en mantener la estabilidad que ha permitido consolidar al país, junto con Canadá, como el principal socio comercial de Estados Unidos, desplazando a China. El secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, expresó en un mensaje a través de sus redes sociales su confianza en que la revisión del tratado pueda concluirse en un plazo razonable. El funcionario enfatizó que, aunque el gobierno mexicano no tiene prisa, existe un interés en resolver los puntos pendientes para disipar incertidumbre.
Sin embargo, las demandas iniciales de Estados Unidos representan una amenaza directa para el modelo industrial mexicano, particularmente en el sector automotriz. Washington presiona para elevar el umbral de las reglas de origen, exigiendo que un porcentaje superior al 75% de los componentes de los vehículos se fabrique en la región para calificar al libre arancel. Más preocupante aún para los negociadores es la propuesta estadounidense de exigir que el 50% de la producción de autos se realice específicamente en suelo estadounidense.
Ford Maverick y SUV Chevrolet Equinox con altos aranceles
Especialistas en desarrollo económico del Instituto Mexicano para la Competitividad han señalado que esta imposición de cuotas geográficas constituye una línea roja inaceptable para México y Canadá, ya que atenta directamente contra el espíritu de integración regional. De aplicarse esta medida, modelos clave fabricados en plantas mexicanas —como la camioneta Ford Maverick, la SUV Chevrolet Equinox y diversos sedanes de Nissan— enfrentarían severos gravámenes, lo que encarecería sus precios finales entre un 5% y un 7%.
A la par de las mesas de trabajo, la retórica del presidente Trump añade una dosis de volatilidad que preocupa al sector empresarial mexicano. El mandatario estadounidense ha manifestado públicamente que no busca renovar el pacto e incluso ha amenazado con activar la cláusula de salida anticipada mediante un aviso de seis meses. Este tipo de políticas arancelarias impredecibles ya causó afectaciones en 2025 a medianas empresas importadoras y productores familiares mexicanos de destilados de agave —como el tequila y el mezcal—.
Plazo hasta el 2036
Estas empresas sufrieron retenciones económicas temporales en las aduanas debido a las fluctuaciones tributarias implementadas desde la Casa Blanca. Mientras Estados Unidos y México avanzan en sus posturas, la diplomacia mexicana observa con cautela la situación de Canadá, país que temporalmente ha quedado al margen de las conversaciones bilaterales centrales.
Los negociadores tienen hasta el año 2036 para formalizar los acuerdos antes de que expire el pacto actual. Por su parte, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, mantiene el respaldo a la estrategia de su gabinete de economía, apostando por una defensa firme del empleo nacional y el respeto mutuo a la soberanía comercial dentro del bloque norteamericano.
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