octubre 14, 2026

Jurista sudafricana conquista Premio Nobel de la Paz 2026

Jurista sudafricana conquista Premio Nobel de la Paz 2026

PREMIO NOBEL DE LA PAZ| Jurista sudafricana Navi Pillay. (Foto/AP)

TRAS DÉCADAS DE LUCHA POR LA JUSTICIA GLOBAL

Redacción El Comercio de Colorado

La destacada jurista sudafricana Navi Pillay conquistó el Premio Nobel de la Paz, otorgando un valioso reconocimiento a una carrera de más de cinco décadas dedicada a la defensa inquebrantable de los derechos humanos en el planeta. A sus 85 años de edad, la respetada abogada recibió la noticia mientras participaba en un foro de derecho en la histórica ciudad de Núremberg, Alemania, el emblemático escenario donde se llevaron a cabo los juicios contra los criminales de guerra nazis que sentaron las bases del derecho penal internacional moderno.

Su vasto legado abarca desde sus inicios defendiendo los derechos del expresidente Nelson Mandela durante los años del apartheid hasta liderar investigaciones de alto nivel que señalaron abusos y violaciones graves en zonas de conflicto. El galardón otorgado a Pillay proyecta renovada atención hacia el papel de las instituciones judiciales multilaterales asentadas en La Haya y los crecientes choques políticos que enfrentan por parte de potencias globales.

Durante su periodo como magistrada de la Corte Penal Internacional entre 2003 y 2008, Pillay participó activamente en juzgar crímenes de guerra, genocidios y agresiones atroces. Entre los casos más emblemáticos en los que intervino destaca la histórica condena a catorce años de prisión impuesta al señor de la guerra congoleño Thomas Lubanga, marcando el primer fallo firme del tribunal internacional por el reclutamiento forzado y la explotación de niños soldados en enfrentamientos armados.

Resistió tensiones

La trayectoria de Pillay vuelve a poner bajo los reflectores las intensas presiones que ejerce la administración del presidente estadounidense Donald Trump sobre la Corte Penal Internacional, organismo creado mediante el Estatuto de Roma y respaldado por 125 países. Trump ha calificado reiteradamente al tribunal de institución hostil, aplicando sanciones directas contra trece integrantes de su personal, entre ellos nueve jueces y su presidenta, la magistrada japonesa Tomoko Akane.

Durante su reciente intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el mandatario estadounidense instó a las naciones miembros a retirarse de forma inmediata de la institución, generando serios temores de que bloqueos financieros o diplomáticos comprometan la capacidad operativa del organismo para administrar justicia.

Tras culminar su labor en la Corte Penal Internacional en 2008, Pillay asumió el cargo de Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, posición desde la cual denunció con firmeza los abusos cometidos por regímenes dictatoriales y gobiernos autoritarios.

En 2019, la abogada retornó a La Haya para integrarse a la Corte Internacional de Justicia, el máximo tribunal de las Naciones Unidas encargado de resolver disputas legales entre Estados soberanos. En la actualidad, se desempeña como jueza ad hoc en la demanda presentada por Gambia contra el gobierno de Myanmar por el presunto genocidio perpetrado contra la minoría étnica musulmana rohingya.

Clasifica violencia sexual como crimen de Guerra

Antes de su consolidación en los tribunales continentales europeos, Pillay presidió el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, entidad establecida con el respaldo de las Naciones Unidas para juzgar a los responsables del sangriento genocidio ocurrido en 1994. Al reflexionar sobre la obtención del Premio Nobel, la jurista destacó que uno de los mayores logros de su carrera fue liderar los primeros juzgamientos que tipificaron la violencia sexual y la violación sistemática como crímenes de guerra independientes.

Durante décadas, este tipo de abusos se consideraba trágicamente como un daño colateral o una recompensa para las tropas, un paradigma que su tribunal logró erradicar definitivamente.

Asimismo, el tribunal ruandés se convirtió en la primera corte internacional en dictar sentencias por el delito de genocidio, concepto jurídico codificado tras la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto para castigar actos perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso.

En su actual responsabilidad dentro de la Corte Internacional de Justicia, Pillay deberá determinar si esa misma definición legal resulta aplicable a las atrocidades documentadas en Myanmar. La concesión del Nobel de la Paz rinde un sincero tributo a su incansable entrega por garantizar la rendición de cuentas e insufla un renovado aliento a la justicia internacional.


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