SUS HINCHAS SE SIENTEN ORGULLOSOS
Por GABRIELA AOUN ANGUEIRA 1214 words
La selección de Irán partió de México el martes, y dejó su hogar mundialista en Tijuana tras un torneo marcado por desacuerdos reiterados con funcionarios de Estados Unidos, destellos de brillantez deportiva y, en última instancia, la decepción de quedarse a las puertas de avanzar más allá de la fase de grupos. Los jugadores regresan a una patria que sigue atrapada en un conflicto no resuelto con Israel y Estados Unidos. Pero sus aficionados dicen que deberían sentirse orgullosos. “Creo que, aunque perdieron, le dio a la gente una sensación de esperanza”, dijo Mohammad Modarres, de 38 años, quien viajó desde San Diego para despedir al equipo.
Desconsuelo por oportunidades perdidas
Después de que sus tres partidos de la fase de grupos terminaron en empates, el futuro de Irán en el Mundial dependía de que Argelia o Austria ganaran su partido el sábado. Mientras observaban desde el vestíbulo de su hotel en Tijuana, el equipo estalló en celebración cuando Argelia se puso en ventaja en el tiempo de descuento.
“Nunca había visto una sala explotar así”, expresó Kimia Ranjbar, de 25 años, aficionada de toda la vida del “Team Melli” que había manejado desde el área de Los Ángeles. Pero minutos después, Austria empató de nuevo el partido, dejando el vestíbulo en un silencio consternado. Fue la última de muchas decepciones a lo largo del torneo, incluida aquella en la que un gol tardío de Shoja Khalilzadeh le dio la ventaja a Irán en su último partido, contra Egipto, antes de que lo anularan por fuera de juego.
Ante circunstancias difíciles
Las distracciones abundaron fuera del campo antes y durante el torneo, empezando por las dudas sobre si a la selección siquiera se le permitiría jugar a la luz de la guerra de Irán con Estados Unidos e Israel. Luego vinieron la solicitud denegada de Irán para trasladar sus partidos a México, la reubicación de su campamento base desde Arizona a Tijuana y la negativa de Estados Unidos a conceder visas a miembros clave del personal del equipo iraní.
Estados Unidos también rechazó la petición de Irán de viajar a Estados Unidos dos días antes de sus partidos en Los Ángeles, aunque flexibilizó algunas restricciones para el último encuentro de Irán. Durante una sesión informativa de seguridad del Mundial el lunes, el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, dijo a los periodistas que Estados Unidos había hecho varias concesiones para los viajes de Irán y reiteró que muchas de las personas que Irán solicitó originalmente que viajaran con el equipo a Estados Unidos estaban asociadas con la Guardia Revolucionaria de Irán.
“Me alegra que ya terminaron y que no van a volver”, afirmó Mullins y añadió que “quizá cantó una o dos canciones o incluso bailó un bailecito de felicidad”. La FIFA no respondió a una solicitud de comentarios. En un comunicado a The Associated Press el lunes, el equipo iraní señaló que las declaraciones de Mullin mostraban una falta de compromiso con el derecho internacional y con los estándares básicos que se esperan de quien organiza un torneo global.
“El hecho de que celebre abiertamente la eliminación de Irán dice mucho más de él que de nuestro equipo. Refleja un nivel de mezquindad que ni siquiera puede tolerar la presencia de un equipo de fútbol compitiendo en el mayor escenario del mundo”, indicó el equipo, que rechazó solicitudes para entrevistar a jugadores y personal. Antes de levantar campamento el martes, el equipo agradeció a México y a Tijuana por su “amabilidad”, pero cuestionó el trato recibido en el torneo por parte de Estados Unidos.
“Lo que vivimos fue una serie de decisiones, arreglos logísticos y circunstancias que socavaron el sentido de equidad —una impresión que solo se reforzó con los acontecimientos de la última jornada de nuestro grupo”, sostuvo el equipo en un comunicado. Los miembros de la diáspora iraní también estaban divididos sobre si apoyar al equipo implicaba un respaldo tácito al gobierno teocrático de Irán, al que muchos de ellos se oponen. Algunos querían mantener separadas la política y el deporte.
“No ves a alguien gritándole a (la estrella del fútbol de Estados Unidos) Christian Pulisic por algo que haga Trump”, señaló Modarres. Aunque el equipo se pronunció contra las restricciones de viaje, evitó comentar directamente sobre la guerra. Pero no rehuyó destacar a las víctimas de un mortífero ataque con misiles contra una escuela primaria al inicio del conflicto.
Los jugadores llevaron pines con el número “168” cuando aterrizaron por primera vez en México, en referencia al número de personas —en su mayoría niños— que murieron en el ataque, que probablemente fue lanzado por Estados Unidos. Dejaron una nota en el vestuario del Estadio de Los Ángeles, en la que pedían paz “entre todas las naciones” y añadieron las etiquetas #168 y #minab, el nombre de la escuela. Sherry Ghaemi, una iraní que vive en Los Ángeles, calificó su postura a favor de las jóvenes víctimas como “honorable”.
Se forjan nuevas amistades
En medio de la tensión, los jugadores intentaron concentrarse en el deporte. Hubo momentos destacados, como cuando el portero Alireza Beiranvand hizo siete atajadas para no permitirle a Bélgica anotar antes de empatar sin goles, y cuando Ramin Rezaeian anotó con el exterior de su bota para igualar contra Nueva Zelanda. “Se van a casa no como perdedores, se van a casa como ganadores. Estamos orgullosos de ellos”, dijo Ghaemi.
Conocer a algunos de los jugadores fue emocionante para Siavash Khosrowshahi, un iraní-estadounidense de 32 años que condujo desde Los Ángeles a Tijuana el domingo, un día después de que el equipo quedara eliminado. “Ha sido realmente duro y estresante”, comentó Khosrowshahi sobre los meses desde que Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra. Hubo momentos durante el conflicto en los que no pudo comunicarse con sus padres en Teherán, pero no el domingo, cuando llamó a su madre desde el hotel y la sorprendió poniéndole a Beiranvand al teléfono.
“Es una fuente de felicidad para ella”, comentó.Iraníes y mexicanos también profundizaron un vínculo, ya que Tijuana abrazó al equipo durante toda su visita. “¡Irán, hermano, ya eres mexicano!”, coreaban los aficionados en español cada vez que veían al equipo. “Irán se lleva lo mejor de nuestro país y de esta ciudad, que es la forma en que se recibe a los de fuera”, dijo Arely Ramírez, una residente de Tijuana que se presentó el domingo en el hotel del equipo con la esperanza de conocer a algunos jugadores. El sentimiento fue recíproco.
El entrenador Amir Ghalenoei declaró el martes, a través de un intérprete antes de que el equipo iraní partiera hacia el aeropuerto: “Nos vamos de Tijuana hoy, pero nuestro corazón y nuestra alma se quedan aquí”. El lunes, muchos jugadores aún se veían solemnes mientras pasaban sus últimas horas en México. Algunos firmaron los últimos autógrafos y posaron para fotos con aficionados, con sonrisas más apagadas que la semana anterior.
Pese a la decepción, algunos seguidores ya miraban hacia adelante. “Todo este año ha sido de malos acontecimientos, mala suerte tras mala suerte” para los iraníes, dijo Ranjbar. Pero la Copa Asiática se disputará dentro de seis meses, una nueva oportunidad para la selección, añadió. “Los estaré viendo jugar en esa”.

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