ALTO FUNCIONARIO DE SEGURIDAD| Omar García Harfuch. (Foto/EFE)
COMBATIR LA VIOLENCIA ES TAREA MONUMENTAL PARA 2026
Morgan Smith
Imagine caminar al amanecer por Paseo de la Reforma, una de las avenidas más emblemáticas de Ciudad de México, símbolo de historia, modernidad y vida cotidiana. Ese escenario de aparente calma se rompió brutalmente el 26 de junio de 2020, cuando Omar García Harfuch, entonces jefe de la policía capitalina, fue emboscado por un comando de al menos 28 hombres armados.
El ataque dejó dos escoltas muertos y una mujer civil fallecida. Harfuch sobrevivió, con tres heridas de bala, a un atentado que reveló el poder de fuego del crimen organizado, incluido el uso de un rifle Barrett calibre .50, un arma que solo puede obtenerse en Estados Unidos. Años después, ese episodio vuelve a resonar.
Con apenas 43 años, Harfuch ha sido nombrado ministro de Seguridad del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, y recientemente fue protagonista de un amplio perfil en The New York Times que destaca su lucha contra los cárteles y su relación con autoridades estadounidenses. Pero la pregunta es inevitable: ¿ese reconocimiento público lo fortalece o lo convierte, otra vez, en un objetivo?
La osadía de los grupos criminales no es una hipótesis
El 1 de noviembre pasado, Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, Michoacán, fue asesinado mientras pronunciaba un discurso durante las celebraciones del Día de Muertos, frente a cientos de personas. En los últimos cuatro años, siete alcaldes han sido asesinados solo en ese estado.
En el caso de Manzo, entre los detenidos figuran siete de sus escoltas, un dato que expone la fragilidad de las redes de protección. La sombra de la corrupción también pesa sobre la política de seguridad. Genaro García Luna, quien ocupó el mismo cargo que hoy tiene Harfuch entre 2006 y 2012, fue condenado en octubre pasado en una corte federal de Nueva York a 38 años de prisión por vínculos con el narcotráfico.
Reducir la tasa de homicidios
Hoy cumple su sentencia en la prisión de máxima seguridad de Florence, Colorado, como el funcionario mexicano de más alto rango condenado en Estados Unidos. Las cifras explican el contexto. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, la tasa de homicidios en Estados Unidos es de 5.8 por cada 100,000 habitantes en 2025.
En México alcanza 24.9, similar a Colombia y muy por encima de Venezuela. Combatir esa violencia es una tarea monumental. Al comenzar 2026, solo queda desear que Harfuch y Sheinbaum tengan éxito. Pero también que Estados Unidos asuma su parte, empezando por frenar el flujo de armas de alto poder que alimentan esta guerra silenciosa.
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