enero 27, 2021

El compromiso de ser felices

Ser un ser Biosocioespiritual Amor en los tiempos de coronavirus Un problema una solución

Por María Alejandra Morales

¡Tengo miedo! ¡Estoy ansioso! ¡Tengo estrés!, entre muchas otras frases similares. Esas son las que escuchamos a cada rato en nuestro día a día. Ya acostumbrados a oírlas perdemos la esencia de su significado y las vamos adaptando al vocabulario personal común. La ansiedad, el miedo, el estrés no son más que estados de alerta, de anticipación de nuestro organismo desde nuestra integral perspectiva, Biopsicosocioespiritual.

Sentimos que algo amenazante viene hacia nosotros, o por lo menos así lo estamos percibiendo en ese justo momento. Es un mecanismo de defensa casi general que poseen los seres humanos para anticiparse a hechos que le acontecen. Sufrimos cierto grado de ansiedad. Padecemos el eutres, o estrés positivo, que es un estado de tensión que nos mueve para alcanzar cosas cuando tenemos retos.

Hasta el miedo nos mantiene en continuo movimiento y nos obliga a tomar decisiones. Y finalmente, nos adaptamos a las circunstancias que nos rodean. Sin embargo, cuando ese mecanismo se nos escapa de las manos genera situaciones comprometedoras para nuestra salud, física, mental y emocional. Tendemos a sentirnos atrapados en un callejón sin salidas convirtiéndose en un círculo vicioso al cual nos acostumbramos de manera enfermiza.

En esta situación nos encerramos cada vez más hasta asfixiarnos. Generando enfermedades que nos desequilibran totalmente. Muchas personas se preguntan las causas de dichas situaciones y tienen que ver con la genética en parte; el estilo de personalidad que poseemos; la manera en la cual aprendimos a afrontar el estrés; y elementos ambientales que los precipitan. La realidad muestra un abordaje clínico rápido desde la perspectiva farmacológica.

Y debe venir la decisión de la persona de buscar ayuda, una ayuda profesional y funcional. Pero, lo que suela ocurrir es que se presentan opciones de familiares o amistades que quieren ayudar. Y  bajo esta óptica por lo general empeora la situación. Surgen consejos como “tomate unos vinitos”; “vamos a comer algo”; “vamos a divertirnos”; “prueba esto”. Estas son posibles soluciones momentáneas que sumergen a largo plazo a la persona en su aflicción.

Si bien es cierto que hay un factor genético, la química cerebral puede ser modificada por el bienestar exterior que tú mismo bajo el compromiso de ser feliz y sentirte bien, puedes brindarte. Puedes hacerlo mediante adecuadas decisiones.  Seria acertado hacer ejercicios; practicar yoga y relajación; o asistir a una terapia psicológica, una adecuada. O también pudieras desarrollar el gusto por la una nutritiva alimentación.

Otra solución podría ser el realizar alguna actividad que le guste. Adicionalmente se podría focalizar en algo que te haga sentir productivo y te brinde un beneficio, no solo personal, sino además a los que nos rodean. Se puede organizar para realizar actividades nuevas, que le permitan al cerebro identificar cambios en nuestras vidas y que estos son posibles. Todas estas son soluciones reales en el compromiso que tenemos para ser felices.


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