MINNESOTA GANA 113 – 96
Hay noches que es mejor olvidar cuanto antes. Esta fue una de ellas. Los Denver Nuggets ofrecieron en el Juego 3 su peor actuación de la temporada en el momento más inoportuno posible, unos Minnesota Timberwolves que jugaron con la autoridad, el hambre y el coraje que Denver simplemente no tuvo. La serie está 2 a 1 a favor de los lobos. Y las alarmas no solo suenan, rugen.
El primer cuarto fue un retrato fiel de lo que estaba por venir. Once puntos. Once miserables puntos anotó Denver en el período inicial. Los tiros no entraban, los errores se acumulaban y sobre la cancha se veía un equipo sin alma, psicológicamente roto por la lesión de Aaron Gordon, que nuevamente no pudo estar disponible. La ausencia del alero pesa como una losa en la moral de un vestuario que en este momento no encuentra el camino.
En el segundo cuarto la banca intentó reaccionar. Nnaji y Brown pusieron algo de orgullo y trataron de encender a sus compañeros. Pero Minnesota respondía con la autoridad de quien sabe que tiene el partido y la serie bajo control. Los Timberwolves mostraron exactamente la actitud que le faltaba a Denver: intensidad, cohesión, ganas. Mientras los Nuggets fallaban, dudaban y se miraban entre sí, los lobos atacaban con convicción.
Jokić, irreconocible, registró su primera asistencia a mediados del segundo cuarto, señal inequívoca de la noche que estaba siendo. Murray trataba, pero se veía solo, completamente solo en un equipo que parecía haber olvidado cómo jugar al baloncesto. Cam Johnson y Braun fueron meros espectadores. El tercer cuarto no trajo cambios en la tónica del partido.
La diferencia se mantuvo intacta, Minnesota seguía jugando a placer y solo Jokić y Johnson dieron algunas señales de vida por parte de Denver. Dosunmu y Hyland, entretanto, hacían estragos en una defensa de los Nuggets que no encontraba respuestas para nada. La debilidad mental del equipo era palpable.
Las declaraciones de McDaniels tras el Juego 2 parecieron haberse instalado en la psique de un Denver que no supo gestionar la presión y el ruido externo. En una serie corta de playoffs, ese tipo de fragilidad mental se paga caro. Y esta noche se pagó. El marcador final, 113 a 96, es el reflejo exacto de lo que fue el partido.
No hubo momento de reacción, no hubo parcial salvador, no hubo liderazgo colectivo. Lo que hubo fue el retrato de un equipo que necesita urgentemente recuperar a sus piezas clave y, sobre todo, recuperar la identidad que lo llevó a ganar doce partidos consecutivos. El mensaje del Juego 3 es que Gordon no es un jugador más en el esquema de Adelman.

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