Eliecer Medina Durán
El Comercio de Colorado
No hace mucho, enfermedades como la polio, el sarampión y la tosferina sembraban miedo en miles de hogares. Luego llegaron las vacunas y cambiaron la historia. Gracias a su uso masivo, muchas enfermedades prevenibles dejaron de aterrorizar a los padres. Pero hoy, cuando menos personas vacunan a sus hijos, algunas de esas enfermedades están regresando. En medio de tanta información en redes sociales, mitos y opiniones que van y vienen, hay algo que no ha cambiado: las vacunas son la mejor forma de proteger la salud infantil.
Algunas personas hablan de la “inmunidad natural” como si fuera una mejor opción. Pero seamos claros: la inmunidad natural significa que tu hijo primero tiene que enfermarse. Y ese es precisamente el problema. Elegir la inmunidad natural en lugar de las vacunas implica un riesgo real. Nadie puede predecir si le tocará un caso leve o una enfermedad grave. Apostarle a que “no va a pasar nada” o que “no será tan grave” es, en el fondo, jugar a la suerte con la salud de tu hijo.
Porque el sarampión no es solo un sarpullido. La tosferina no es solo una tos intensa. Estas enfermedades pueden provocar complicaciones graves, hospitalizaciones e incluso poner en riesgo la vida de un niño. Las vacunas existen justamente para evitar que tu hijo pase por eso.
Las vacunas realmente funcionan. Por ejemplo, la serie de dos dosis de la vacuna triple viral es 97% efectiva para prevenir el sarampión. De igual forma, la serie de tres dosis de la vacuna contra la polio es 99% efectiva.
Reducir el riesgo de infección
Es decir, no hablamos de una protección mínima, sino de vacunas que reducen de forma contundente el riesgo de infección. Las vacunas también son seguras. Una de las preocupaciones de muchos padres es la posibilidad de una reacción alérgica grave. Pero ese tipo de reacción es extremadamente rara. La probabilidad es de aproximadamente uno en un millón de niños vacunados. Para ponerlo en perspectiva, es mucho más probable que a una persona le caiga un rayo antes de que un niño tenga una reacción alérgica grave a una vacuna.
Y aquí hay algo importante: que una persona en un millón pueda tener una reacción alérgica no quiere decir que las vacunas sean peligrosas. Piensa en los cacahuates. Hay personas que son alérgicas a ellos, pero eso no significa que los cacahuates sean malos o peligrosos para todos. Lo mismo pasa con las vacunas. Una reacción alérgica muy poco frecuente no convierte a una vacuna en algo inseguro o peligroso.
Otro mito que sigue circulando es el supuesto vínculo entre la vacuna contra el sarampión y el autismo. Este mito comenzó con un estudio muy pequeño en el que participaron solo 12 niños. Ese estudio fue desacreditado y retirado hace años, y el médico que lo realizó perdió su licencia. No existe ningún vínculo entre las vacunas y el autismo. Décadas de investigación y decenas de estudios con millones de niños han demostrado claramente que las vacunas NO causan autismo.
Habla con tu pediatra
Algunos padres también pueden preocuparse por la cantidad de vacunas que se aplican en una misma visita. Sin embargo, esto no sucede por casualidad. El calendario de vacunación se ha estudiado cuidadosamente para proteger a los niños cuando más lo necesitan y reducir la cantidad de visitas, inyecciones y días incómodos. Al final, la pregunta no es si internet tiene opiniones. Claro que las tiene. La verdadera pregunta es a quién vas a escuchar cuando se trata de la salud de tu hijo.
Habla con tu pediatra. Hazle todas las preguntas que tengas. Resuelve tus dudas con quien realmente sabe y quiere lo mejor para tu hijo. Porque cuando se trata de proteger a tu hijo, la mejor información no viene de las redes sociales. Viene de los expertos que han dedicado su vida a cuidar la salud de los niños.
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