Madre venezolana denuncia torturas y desaparición de sus hijos

EXIGE A LA ONU Y A LA CRUZ ROJA DAR FE DE VIDA DE PRESOS POLÍTICOS

Redacción El Comercio de Colorado

Entre la diáspora venezolana en Colombia, una voz destaca por su firmeza y un dolor que no se apaga. Marisela Parra, oriunda de la calurosa Cabimas, tierra de petróleo y sol, ha sido reconocida recientemente por la organización Enjambre Antioqueño debido a su incansable defensa de los derechos humanos. Este homenaje no es solo un diploma de papel. Se trata del reconocimiento a la “leona” que se vio obligada a huir de su país tras ser perseguida por el simple hecho de exigir justicia para sus hijos, Leandro y Leonardo Chirinos Parra.

La vida de Marisela cambió radicalmente hace casi seis años. Ella, una madre que antes se dedicaba al calor de su hogar en el estado Zulia, hoy se mueve entre vigilias y oficinas de organismos internacionales. Ella no ha parado de gritar mientras el régimen chavista intenta silenciar el destino de dos jóvenes que empezaron su calvario cuando apenas superaban los veinte años. Desde Medellín, Marisela describe una realidad que parece sacada de una pesadilla, pero que es la cotidianidad de los presos políticos en las cárceles de Venezuela.

Condenados con juicios viciados

Leonardo, hoy de 33 años, era funcionario de la policía de investigación criminal (DGCIM) cuando fue capturado el 20 de abril de 2020. Su detención no fue producto de un delito, sino de una extorsión. Lo llevaron para que delatara el paradero de su hermano Leandro. Marisela recuerda con horror la videollamada que recibió nueve días después, donde vio a su hijo con signos evidentes de tortura y un collarín de cartón. Leonardo fue condenado a 21 años y dos meses de prisión por terrorismo y traición a la patria en un juicio exprés.

Por otro lado, el caso de Leandro, de 30 años, revela la fractura ética dentro de las fuerzas armadas. Leandro era oficial de la Guardia Nacional y decidió desertar porque su conciencia no le permitía levantar las armas contra el pueblo venezolano ante la miseria y el hambre que presenciaba. Fue capturado en mayo de 2020 en el centro de Venezuela y forzado a grabar videos auto incriminatorios. Tras un proceso sin derecho a una defensa independiente, lo condenaron a 24 años y seis meses de cárcel, por terrorismo y otros seis delitos.

HERMANOS CHIRINOS PARRA| Leandro (30) y Leonardo (33).

Preocupaciones

Marisela mantiene su preocupación sobre la suerte de sus hijos. Leonardo se encuentra recluido actualmente en la cárcel de Yare III. “Familiares de otros presos nos han informado que, tras los eventos políticos recientes, han arreciado los maltratos. Usan a los presos como escudos humanos y los mantienen en celdas sin luz, rodeados de ratas y cucarachas. Estoy preocupada por su vida”, dijo. Su hijo Leonardo sobrevivió al infierno de haber estado preso el Centro Militar Guaicaipuro, cárcel ubicada en el estado Miranda de Venezuela.

“De allí salió con secuelas atroces. Un gusano se le incrustó en su brazo y tuvo pérdida de visión en su ojo izquierdo”, reveló Marisela. Ella explicó que esta cárcel consiste en una “jaula humana” subterránea. “Son fosas cavadas en la tierra, por los mismos presos, cubiertas por una plataforma de rejas por donde los custodios caminan. En estas alcantarillas humanas, los presos son devorados por los zancudos y expuestos a tratos inhumanos. Los custodios realizan sus necesidades fisiológicas desde arriba sobre los prisioneros” narró.

Desaparecido

Marisela presume que Leandro está sufriendo estas mismas condiciones en dicha cárcel. “Leandro fue sacado de su centro de reclusión anterior, el Helicoide, en el centro de Caracas, donde se encuentra la tumba, en agosto de 2025. Y, desde entonces, no he tenido fe de vida. Ni tenemos una confirmación oficial de su paradero. Sin embargo, presumimos que podría estar en el Centro Militar Guaicaipuro, debido a que a muchos de los presos los han trasladado en forma clandestina hacia esas jaulas humanas subterráneas” confesó con angustia.

Ante esta situación de extrema vulnerabilidad, Marisela hace un reclamo urgente a la comunidad internacional. “Quisiera como familiar de presos políticos exigir que una comisión de la Cruz Roja Internacional y de la ONU verifique el estado de salud tanto de mis hijos como todos los presos políticos que se encuentren en las mazmorras del régimen”. Para ella, la supervisión internacional es vital para garantizar no solo la fe de vida de Leandro y Leonardo sino el cese inmediato de los tratos crueles en centros como Guaicaipuro y Yare III.

Abraza la esperanza

A pesar de haber visto a sus hijos golpeados y colgados de las manos con esposas, Marisela no permite que la amargura la consuma. Su esperanza es una fuerza fresca y vibrante que se nutre de la fe. Ella no pide “excarcelaciones” con medidas cautelares ni prohibiciones de hablar; ella exige la libertad plena y absoluta para sus hijos y para todos los presos políticos que, como ellos, nunca debieron estar tras las rejas. Su sueño más recurrente es el del reencuentro, un momento que imagina con los aromas de su natal Cabimas.

Cuando se le pregunta cómo celebrará la libertad de Leandro y Leonardo, su rostro se ilumina. “Les cocinaría pescado frito, patacones, ensalada y arepas de reina pepiada, sus platos favoritos. Y en lugar de los gritos de la prisión, quiero que en mi casa ellos escuchen canciones de gratitud a Dios”, dijo Marisela. Con su placa de reconocimiento en mano y su fe intacta, sigue alzando la voz desde Colombia, recordándole al mundo que detrás de cada cifra de presos políticos hay una madre que no descansará hasta que sus hijos caminen libres.

PREMIADA POR EL ENJAMBRE ANTIOQUEÑO| Marisale Parra ha sido reconocida por la lucha a favor de la libertad de los presos políticos en Venezuela. (Fotos/Cortesía Marisela Parra)