noviembre 1, 2026

Primer memorial por suicidio ejecutado en archidiócesis de EE. UU.

SEÑALA CAMBIO COMPASIVO DE IGLESIA CATÓLICA

Luis Andrés Henao/ Associated Press

Advertencia

Esta historia incluye debates sobre el suicidio. Si usted o alguien que conoce necesita ayuda, la línea nacional de prevención del suicidio y crisis en EE. UU. está disponible llamando o enviando un mensaje de texto al 988. También hay un chat en línea en 988lifeline.org.

Un memorial dedicado a las vidas perdidas por suicidio y a las familias supervivientes que las lloran fue inaugurado a principios de este año por la Archidiócesis de Chicago en el Cementerio Católico Queen of Heaven. La archidiócesis afirma que el memorial —el primero de su tipo creado por una archidiócesis estadounidense— ilustra un cambio importante en la iglesia hacia una comprensión más compasiva del suicidio y las enfermedades mentales.

 La doctrina católica sigue considerando el suicidio un pecado grave y, hasta décadas recientes, negaba la sepultura católica a quienes se quitaban la vida. Sin embargo, también reconoce que los problemas de salud mental pueden llevar al suicidio y señala que la salvación eterna sigue siendo posible para quienes se quitan la vida.

Historia

El reverendo Charles Rubey recuerda el momento en que se dio cuenta de que los sacerdotes católicos debían hacer un mejor trabajo apoyando a las familias de quienes morían por suicidio. Dos mujeres le contaron a Rubey que le habían pedido al sacerdote de su parroquia que orara por familiares que se habían quitado la vida.

 En aquel momento, la Iglesia católica prohibía los ritos funerarios y la sepultura en sagrado para quienes fallecían por suicidio. Rubey relata que las mujeres le dijeron: «Lo primero que salió de la boca del sacerdote fue: ‘Bueno, ya saben, su ser querido está en el infierno’».

Pero Rubey no estuvo de acuerdo con ese juicio condenatorio. Buscando aliviar su dolor, las reconfortó diciendo: «¡Están con Dios!». Fue un punto de inflexión para Rubey. Comenzó a bendecir puentes, vías de tren y sótanos donde personas se habían quitado la vida, y en 1979 fundó el Programa LOSS («Apoyo Amoroso a Supervivientes del Suicidio», por sus siglas en inglés), un servicio de asesoramiento y apoyo gestionado por Caridades Católicas de la Archidiócesis de Chicago. A sus 86 años, este ministerio sigue siendo parte importante de su vida.

La archidiócesis de Chicago reconoció la labor de Rubey este año dedicando en su honor un memorial a las vidas perdidas por suicidio y a sus familias. La archidiócesis señala que el memorial «At Peace» («En Paz») en el Cementerio Católico Queen of Heaven es el primero de su clase en cualquier archidiócesis de EE. UU.

Para Rubey, es una señal del giro de la iglesia hacia una comprensión más compasiva del suicidio. «Han dado un vuelco completo para acoger a las familias que han perdido a un ser querido por suicidio», dijo Rubey. «Ya no se les condena ni se piensa que están en el infierno».

La doctrina católica sigue considerando el suicidio un pecado grave. Sin embargo, reconoce que los problemas de salud mental pueden llevar a las personas al suicidio y sostiene que la salvación es posible para quienes se quitan la vida.  El papa León XIV, nacido en Chicago, ha dedicado parte de sus intenciones mensuales de oración a las personas que sufren problemas de salud mental y pensamientos suicidas.

Hizo un llamado a la iglesia para que sea «un espacio seguro donde todos tengan cabida: una comunidad que acompañe y nunca excluya, que escuche sin juzgar y se acerque sin temor».

La ubicación del memorial fue planificada cuidadosamente

Rubey y el obispo Lawrence Sullivan, vicario general de la archidiócesis de Chicago, diseñaron «At Peace» durante la pandemia de COVID-19, cuando los problemas de salud mental pasaron al primer plano, con la intención de ofrecer consuelo a personas de todas las fe.

«Antes le decíamos a la gente: ‘Resiste, aguanta como puedas’», dijo Sullivan. «Y ahora entendemos: ‘No, hay problemas graves de salud mental ahí fuera’. No es una cuestión de fuerza de voluntad. No es una cuestión de estar bien o mal».

El memorial, que cuenta con esculturas de un ángel y palomas de bronce, está ubicado en un cementerio que también alberga el mausoleo católico más grande del mundo.

«No queríamos que este memorial estuviera escondido y fuimos intencionales en cada detalle», dijo Sullivan cuando se anunció el proyecto. «Esto no es algo de lo que nos avergoncemos».

Entre los asistentes a la dedicación del memorial en junio estuvo la rabina Marianne Novak, quien se unió a LOSS después de que su hija de 18 años, Batsheva Chaya, muriera por suicidio en 2017.

«Era importante tener un lugar para que las personas pudieran recordar a sus seres queridos de manera amorosa, sin centrarse en cómo murieron», dijo Novak.

Sepultura católica para personas fallecidas por suicidio

Hasta que una ley eclesiástica de 1917 fue revisada en 1983, a quienes morían por suicidio se les negaba la sepultura católica en campo santo.

«La iglesia nunca mostró aceptación hacia el suicidio… Pensaban que su postura firme disuadiría a la gente de hacerlo», explicó James Keenan, profesor de teología en Boston College.

Señaló que el cambio de actitud comenzó con las reformas del Vaticano II, las reuniones de los años 60 que modernizaron la Iglesia católica, y continuó con el Catecismo de la Iglesia Católica, aprobado en 1992.

Ese documento afirma que el suicidio es contrario al amor de Dios. Pero también señala que «trastornos psicológicos graves, la angustia o el temor grave a la dificultad, al sufrimiento o a la tortura pueden disminuir la responsabilidad de quien comete suicidio», y añade que «no se debe desesperar de la salvación eterna de las personas que se han quitado la vida».

Un punto de inflexión tras una dolorosa experiencia

En las últimas décadas, una mayor comprensión de las enfermedades mentales ha ayudado a transformar la visión cultural sobre el suicidio y ha influido en la doctrina católica.

El reverendo James Martin, editor general de la revista jesuita America, afirma que el enfoque de la Iglesia católica refleja el de la sociedad en general, mostrando más empatía hacia todos los afectados por el suicidio.

«Poder brindar atención pastoral a los familiares es extremadamente importante, al igual que hacer que no sientan vergüenza, aislamiento o juicio por parte de la iglesia», señaló.

Esa fue la dolorosa experiencia de una familia de Míchigan.

El sacerdote que oficiaba el funeral de Maison Hullibarger, de 18 años, en 2018 cuestionó si el joven deportista y estudiante de honor iría al cielo tras morir por suicidio. Su padre, Jeff Hullibarger, contó al Detroit Free Press que le pidió al reverendo Don LaCuesta que se detuviera, pero el sacerdote continuó con su sermón crítico, calificando el suicidio de «pecado contra Dios con graves consecuencias eternas».

La Archidiócesis de Detroit pidió disculpas, reconociendo que «una situación insoportable se hizo aún más difícil».

La madre de Maison, Linda Hullibarger, demandó a LaCuesta y a la archidiócesis de Detroit alegando imposición intencional de angustia emocional, entre otros cargos, pero los tribunales fallaron a favor del sacerdote basándose en la Primera Enmienda.

«Ese fue realmente un punto de inflexión en muchos sentidos porque la Iglesia católica recibió muy mala prensa», afirmó Mathew Schmalz, profesor de estudios religiosos en el College of the Holy Cross en Worcester, Massachusetts.

«También demuestra que el sacerdocio en Estados Unidos, y diría que en todo el mundo, necesita mejor formación para abordar fenómenos complejos como el suicidio», agregó.

Un llamado a expandir el ministerio de salud mental

Ed Shoener, cuya hija Katie murió por suicidio en 2016, cofundó la Asociación de Ministros Católicos de Salud Mental para «educar a las comunidades parroquiales, romper el estigma en torno a las enfermedades mentales y acompañar a las personas en medio de estas luchas».

La asociación global aboga por que la Iglesia católica haga más para mejorar la atención de la salud mental.

En enero, Shoener se reunió con el papa León para agradecerle su interés en la salud mental y le expresó su deseo de que la iglesia emita una declaración detallada sobre el tema en forma de carta apostólica o encíclica.

Este mes regresó al Vaticano para un evento que coincide con la intención de oración mensual de León y el Día Mundial de la Salud Mental. Líderes religiosos y profesionales de la salud se reunirán para examinar cómo responden las parroquias ante los problemas de salud mental y cómo responder mejor al llamado del papa a establecer ministerios de salud mental para superar el estigma y la discriminación.

Ese es también el anhelo de Shoener: «Me encantaría ver que esto se convierta en un ministerio plenamente integrado en la iglesia, común en cada parroquia del mundo, al igual que la pastoral juvenil».

Tanto él como Ranana Dine, directora del Programa de Estudios Católico-Judíos en la Union Teológica Católica de Chicago, confían en que el memorial de Chicago se replique en otros lugares.

«Crear espacios físicos, entornos y elementos que la gente pueda tocar, habitar o en los que pueda sentarse, que les recuerden que no están solos y que no tienen de qué avergonzarse, ofreciendo un lugar físico para el duelo, es verdaderamente importante», concluyó Dine.

El Comercio de Colorado

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